Esperanzas para el nuevo siglo

El Porfiriato - Vida Cotidiana

El Popular del 31 de diciembre de 1899 publicó un artículo titulado ""Lo que tiene México al finalizar el siglo XIX"" y comenzaba preguntándose: ""¿Será el siglo XX el de la libertad, de la paz o de la justicia? Los esfuerzos más grandes que ha hecho el hombre en este siglo, no han sido, ciertamente, en favor de la libertad y de la justicia, aun cuando no han escaseado los libertadores y los sabios, que han combatido los despotismos y los errores en el orden político y en la esfera del derecho"".

Para México había sido un siglo difícil. Como nación independiente alcanzaba apenas setenta y nueve años. Su historia reciente era sombría: guerras con el exterior, rebeliones internas, golpes de estado y la pérdida de más de la mitad del territorio. En 1899 la República parecía haber corregido el rumbo bajo el manto patriarcal de Porfirio Díaz.

""El pasado es el mejor espejo en que se refleja el porvenir -declaró a la prensa extranjera del viejo general- brillantes son los auspicios con que la República Mexicana entra al nuevo año de 1900"". El porfiriato pasaba la prueba de la historia al iniciar el siglo XX. Ferrocarriles, alumbrado público, obras públicas, petróleo, casas comerciales. La economía florecía como nunca antes lo había hecho.

Había mucho que celebrar. Las autoridades dispusieron de gran cantidad de recursos para darle la bienvenida al siglo XX en un México que se presentaba ante el mundo como ejemplo de modernización. El 31 de diciembre de 1899, desde temprano, la gente se alistó para acudir al baile que la Sociedad Siglo XX organizó  en el Tívoli del Eliseo o la fiesta de caridad que la colonia americana realizaría en el Circo Teatro Orrin. Se prepararon desfiles, serenatas nocturnas, fuegos artificiales y globos aerostáticos. La alegría invadió todos los espacios públicos de las distintas ciudades del país.

Las campanas de Catedral comenzaron a sonar anunciando la inminente llegada del siglo XX. Con lágrimas en los ojos la nación entera despedía la historia de un siglo que se consumía en la eternidad. El nuevo se presentaba promisorio. La confianza invadía a los mexicanos: si en menos de veinte años, el gobierno porfiriano había logrado convertir a un país en ruinas en una nación próspera, la centuria que se aproximaba sería testigo de la consolidación definitiva de México. En el siglo XX, la democracia, la justicia y la igualdad debían coronar la obra comenzada en el XIX. Y en todos los rincones del país, la escena se repitió. Con la copa en alto, las familias, los amigos, los amantes brindaron y se abrazaron, al tiempo que gritaban:  ""¡Bienvenido siglo XX"", el siglo de México"".