Entre la vida y la muerte a bordo de La Bestia

La transición democrática - Vida Cotidiana

La pobreza es una forma de vida que no atrae a nadie. No se trata de un estatus social, sino que es sinónimo de enfermedad, miseria, falta de recursos vitales, vivienda y muchas otras carencias. Por ello, no sorprende que una persona, o familias enteras, arriesguen sus vidas con tal de mejorar su calidad de vida, aunque eso signifique ser migrante ilegal.

El concepto de migración no es nuevo en nuestro país, pues desde hace décadas es bien sabido que miles de mexicanos y latinoamericanos cruzan la frontera norte con Estados Unidos de manera ilegal para buscar un empleo y conseguir el sueño americano. Los obstáculos naturales muchas veces hacen que se pierdan vidas, ya sea en el inclemente desierto o en las enfurecidas aguas del río Bravo, pero también hay factores humanos que igualmente provocan muertes entre los menos afortunados.

En la frontera sur de nuestro país, junto a Guatemala, encontramos un tren llamado La Bestia, también conocido como el tren de la muerte, que cruza desde Guatemala a México con migrantes ilegales quienes se aferran a la parte superior de los vagones, esperando sobrevivir la aventura de primero cruzar todo México y después llegar a Estados Unidos. Dicho tren de mercancías puede ser una gran diferencia entre lograr el sueño americano o encontrarse con el infierno, pues cada vez son más los desafortunados que no logran terminar el viaje a bordo de esta enorme máquina.

¿Cuáles son los principales peligros a los que se enfrenta quien busca viajar en La Bestia? En un principio, lograr abordar el tren en marcha sin ser descubierto y sin sufrir caídas, no encontrar un lugar adecuado para viajar, enfrentarse a los 'maras' y narcos que se suben de vez en cuando, las inclemencias del clima, robos, asesinatos, violaciones, secuestros y diversos accidentes al caerse, ya sea por descuido, falta de fuerza o quedarse dormido. Y nunca falta quien considera que los maquinistas se ponen de acuerdo con el crimen organizado para quitar a los migrantes lo poco que tienen.

Muchos viajeros, al intentar subir al tren, son succionados por la inercia de las ruedas del tren, o son empujados y los que no mueren pierden extremidades. Se dice que La Bestia entonces cobra su tributo: para que muchos pasen, se tiene que quedar con alguno.

¿Qué es lo más sorprendente? Que sin importar las estadísticas, la gente sigue abordando el tren, sigue persiguiendo el deseo de una vida mejor, aún sabiendo que si logran salir con vida del viaje a bordo de La Bestia, apenas están a la mitad del camino, pues todavía hace falta recorrer México, y lo más importante, cruzar la frontera con Estados Unidos.

Muchos de los migrantes no cargan identificaciones para no ser deportados en caso de ser atrapados por migración, así que cuando alguno cae en garras de La Bestia y no sobrevive, no es identificado. Su destino es entonces una fosa común o en el cementerio de Tapachula, sin un nombre que identifique su tumba, únicamente con la prueba del documento que consta de la defunción. Simplemente en México hay alrededor de 8,818 muertos sin nombre de acuerdo a las estadísticas del Servicio Médico Forense, pero esa no es la cifra final de muertos y desaparecidos a consecuencia de viajar en La Bestia.