Entre el vicio y la virtud: Los sentimientos de la Nación

Aires libertarios - Hechos

Por Alejandro Rosas

A pesar de que la región donde operaba Morelos se encontraba en pie de guerra, el cura de Carácuaro se dio tiempo para darle una estructura política y jurídica al movimiento de independencia. Junto a su pragmática percepción de la organización militar, la posibilidad de plantear y otorgarle una organización política al movimiento de independencia determinó el sentido de la lucha para los siguientes años y dejó en el imaginario colectivo, la posibilidad de establecer, a la larga, una república. Sí, católica, pero más igualitaria de lo que podía ofrecer una monarquía.

En septiembre de 1813, Morelos convocó a un Congreso Nacional, llamado de Anáhuac. Desde luego, el término “nacional” era excesivo: fue integrado por diputados electos en las provincias controladas por los insurgentes, y algunos otros fueron nombrados por Morelos para representar a aquellas provincias que aún pertenecían al dominio español. Eran los primeros pasos para organizar políticamente el movimiento insurgente.

La noche anterior a la apertura del Congreso, Morelos llamó al joven Andrés Quintana Roo, su secretario particular, para leerle lo que a sus ojos debía ser México, el nuevo país, una vez alcanzada la independencia.

“Quiero que hagamos la declaración de que no hay otra nobleza que la de la virtud, el saber, el patriotismo y la caridad; que todos somos iguales, pues del mismo origen procedemos; que no haya privilegios ni abolengos, que no es racional, ni humano, ni debido que haya esclavos, pues el color de la cara no cambia el del corazón ni el del pensamiento; que se eduque a los hijos del labrador y del barretero como a los del más rico hacendado; que todo el que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el fuerte y el arbitrario... que se declare que lo nuestro ya es nuestro y para nuestros hijos, que tengan una fe, una causa y una bandera, bajo la cual todos juremos morir, antes que verla oprimida”.

Andrés Quintana Roo quedó conmovido; el documento expresaba sin duda, “los sentimientos” de la Patria que se estaba formando a sangre y fuego; una nación donde debía reinar la igualdad, la seguridad jurídica, la justicia. Morelos sólo había leído el preámbulo, el cual presentaría los llamados “Sentimientos de la Nación y a la mañana siguiente, el 14 de septiembre de 1813, dio a conocer los 23 puntos de los que constaba el documento.

Morelos proclamó la independencia absoluta de España y estableció que se adoptaría una forma de gobierno representativa, con división de poderes en ejecutivo, legislativo y judicial. Además, en el nuevo país debía imperar la igualdad, la justicia y la ley, quedó proscrita la esclavitud y eliminada la tortura. Además se establecieron como fechas solemnes el 12 de diciembre, día de la Virgen y el 16 de septiembre.

Pero de los “Sentimientos de la Nación”, hay 2 puntos que, en un México cada vez más desigual, y tan lejos de un estado de derecho eficaz y sólido continúan vigentes: el 12 que define a la ley y su fin: “Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”. El Concepto de ley de Morelos resume lo que la clase política mexicana ha sido incapaz de construir, alcanzar o siquiera vislumbrar. La retórica legalista existe pero nunca se ha traducido en los hechos. De ahí la vigencia de la definición

El otro punto fundamental, incluso en nuetros días es el número 15, que expresa la definición más simple y clara sobre la desigualdad. De acuerdo por lo establecido por Morelos, lo único que debía hacernos desiguales eran todos aquellos actos que nos distingan entre el vicio y la virtud. Es decir, el mérito.

El México independiente nació en los Sentimientos de la Nación o al menos quedó prefigurado; las circunstancias llevaron al país por otros derroteros, una lucha que se extendió durante 6 años más, un imperio y finalmente la república. Sin embargo, aún estamos muy lejos de aquellas definiciones sencillas que lanzó Morelos en 1813 y que podrían ser la base para rencauzar al país hacia un proyecto de nación definitivo.