Emiliano Zapata en el muralismo mexicano

Artes Visuales

Pocos personajes históricos han alcanzado el icónico nivel gráfico que detenta la figura de Emiliano Zapata. El general del ejército de la División del Sur, opositor del gobierno maderista y líder del agrarismo, fue tomado como uno de los más importantes símbolos del movimiento revolucionario mexicano de inicios del siglo pasado. En el presente, los rasgos del rostro y la figura de Emiliano Zapata son inconfundibles, y han sido reproducidos tanto en espacios institucionales como populares.

El muralismo mexicano, movimiento artístico que plasmó pictóricamente el discurso oficial posrevolucionario en enormes muros, contribuyó con el proceso de construcción de la figura del caudillo del sur.

Después del movimiento armado revolucionario que inició en 1910, el proyecto cultural del nuevo régimen se orientó a la búsqueda de una identidad nacional que lograra aglutinar a un país diverso. Las manifestaciones artísticas de la época fueron un medio fundamental para este fin, y la expresión nacionalista en diferentes rubros, como la danza, la literatura, la música y la pintura fueron apoyadas por las instituciones culturales del gobierno mexicano. En el caso de la pintura, en México se desarrolló profusamente el muralismo, que tenía la premisa de acercar el arte a todo el pueblo.

Las temáticas que quedaron plasmadas en los muros de muchos edificios institucionales incluyeron temas históricos, y en éstos, la figura de Emiliano Zapata fue representación de las aspiraciones de justicia social para el pueblo.

En 1930 Diego Rivera pintó el mural (Historia del Estado de Morelos) en el Palacio de Cortés de Cuernavaca. En la pared sur de la serie pictórica, pintó (Zapata, líder agrario); y el personaje aparece vestido con la típica vestimenta del campesinado mexicano de la época: camisa, pantalón de manta blanca y huaraches. Sostiene a un caballo blanco con la mano izquierda y detrás de él hay un grupo de campesinos que llevan en las manos sus herramientas de trabajo. El símbolo de su revolucionaria lucha agrarista está representada con un hacendado que se yace muerto bajo sus pies; el discurso oficial, para este momento histórico, había ya tomado al reparto agrario como uno de los más importantes objetivos de justicia social del movimiento armado.

Otra obra de gran envergadura, fue ""Del porfirismo a la Revolución"", de David Alfaro Siqueiros, realizada entre 1957 y 1966 en el Castillo de Chapultepec de la ciudad de México. Este enorme mural es una representación del devenir histórico revolucionario, y tras representar a Porfirio Díaz y la opulencia de la aristocracia mexicana decimonónica, sigue un discurso temporalmente lineal en donde los líderes revolucionarios se mezclan con el pueblo en la lucha en contra del viejo régimen. Esta parte del mural se llama ""La marcha de la humanidad"", y entre los personajes que están entre la masa popular, se reconocen los rostros de Madero,  Pino Suárez, Venustiano Carranza, Francisco Villa y también Emiliano Zapata. Este último aparece con la icónica figura recia, de piel morena y con el tupido bigote que caracteriza su rostro.

Al paso del tiempo, la trascendencia simbólica de Zapata no ha perdido vigencia,  pues en el discurso histórico, tanto gráfico como ideológico, es la representación de la lucha en contra de las desigualdades sociales y en favor de los derechos de los desposeídos.