El vencedor de los insurgentes: Calleja

Aires libertarios - Hechos

""Su corazón ha sido acaso el más duro que se conoció entre los jefes españoles que hicieron la guerra en México"". José Ma. Luis Mora

Félix María Calleja del Rey (1755-1828) fue un hombre severo y determinado, de instintos sanguinarios y rapaces. Sin embargo, cualquiera que hubiera sido su carácter, con el sólo hecho de combatir a los insurgentes se convirtió en uno de los grandes villanos de la historia mexicana.

Cuando ocurrió la insurrección al mando de Miguel Hidalgo, Calleja -ocupaba el cargo de brigadier de caballería en San Luis Potosí-; sin esperar las órdenes de virrey, aumentó, organizó y disciplinó a sus tropas para combatir a los insurrectos. En su marcha rumbo a Querétaro recibió una comunicación del virrey en que le participaba el estado crítico de la capital tras la derrota de los realistas en el Monte de las Cruces. En las inmediaciones de Arroyo-Zarco, se encontró con las avanzadas de Hidalgo, y supo que el ejército independiente había desistido de tomar la ciudad de México y se hallaba cerca.

Hidalgo por su parte, con el ejército disminuido por la deserción después de la batalla del Monte de las Cruces, tomó dirección a Querétaro llegando el 6 de noviembre a San Jerónimo Aculco. El 7 de noviembre, las tropas realistas al mando de Calleja vencieron a las huestes de Hidalgo. Seiscientos hombres fueron tomados prisioneros, aunque Calleja, osadamente, asentó en el parte oficial dirigido al virrey, que la pérdida de los insurgentes había sido de diez mil hombres.

Después de su victoria y creyendo inútil continuar con su marcha hacia México, Calleja llegó a Guanajuato y el 23 de noviembre comenzó a atacar a la disminuida tropa de Allende. Los insurgentes  defendieron heroicamente sus posiciones, pero fueron derrotados por la superioridad del armamento realista.

Tras la retirada de allende de Guanajuato, un numeroso grupo de hombres entró a la alhóndiga donde había más de doscientos prisioneros españoles, a los que robaron y asesinaron. Cuando Calleja se enteró de la matanza, entró a la ciudad ejecutando a todo individuo que encontraba a su paso. A partir de ese momento comenzaron los fusilamientos indiscriminadamente. Todos los individuos que fueron hechos prisioneros, eran conducidos a una puerta donde Calleja, sin mayor formalidad, les hacía algunas preguntas, les permitía confesarse con un sacerdote y en el acto eran fusilados. ""Al poco tiempo de esta carnicería quedó el pasadizo inundado de sangre, regado de sesos y sembrado de pedazos de cráneos de las víctimas""

Con Allende vencido, Calleja comenzó entonces a formular un plan para atacar a Hidalgo, que consistía en hacer converger a todas sus tropas en Guadalajara, para destruir de un solo golpe a los insurgentes y cortar de tajo la insurrección. El 17 de enero de 1811, en Puente de Calderón, los insurgentes, con un número muy superior de hombres, se enfrentaron a los 6,000 soldados realistas que comandaba Calleja. En un principio, el desarrollo de la batalla favoreció a los insurgentes pero sorpresivamente una granada  explotó sobre las municiones de los insurgentes, destruyendo gran parte de la artillería. La   sorpresiva explosión en el campo, hizo que Calleja aprovechara el desconcierto y avanzara. El ejército realista, después de seis horas de combate en las que estuvo a punto de ser destrozado, terminó vencedor. La derrota insurgente marcó el fin de la primera etapa de la guerra de Independencia, sin embargo, el movimiento libertario había prendido en el sur de la Nueva España.

En febrero de 1812, Calleja fue comisionado por el virrey Venegas, para terminar de una vez con el ejército de Morelos que continuaba la guerra de independencia. Su mayor enfrentamiento se llevó a cabo en Cuautla, pueblo que fue sitiado por Calleja y en el cual, Morelos y sus principales hombres resistieron durante 72 días hasta que, debido al agotamiento de víveres, la falta de agua y la amenaza de una epidemia, fue necesario romper el sitio. Morelos logró hacerlo el 2 de mayo de 1812.

Después de la humillante derrota, Calleja se retiró, y comenzó a intrigar en contra del virrey Venegas, quien fue cesado y el 4 de marzo de 1813 Calleja tomó el mando del virreinato de la Nueva España. Desde su nueva posición continuó su campaña contra Morelos, quien finalmente cayó en poder de los realistas y fue fusilado el 22 de diciembre de 1815.

Félix María Calleja, aparentemente no se detuvo para acabar con el movimiento insurgente, además de la ejecución de insurgentes, en otros casos determinó expatriar a los rebeldes que cayeran en su poder, y muchos fueron enviados a Las Filipinas y al presidio de África. Sin embargo, sus esfuerzos fueron infructuosos, no logró apagar por completo la llama independentista. Los rumores de que mantenía viva la insurgencia deliberadamente, buscando quizá la independencia de la Nueva España a su favor, fueron escuchados en Cádiz, y fue relevado del gobierno virreinal en 1816.

Fuente: Molina Arceo, Sandra, 101 villanos en la historia de México, Grijalbo, 2008.