El traspié del abad Schulemburg

La época de las crisis - Hechos

En la aparición de la virgen de Guadalupe, como en toda aparición de carácter religioso, se acepta la libertad de conciencia, es decir, hay creyentes o no creyentes y punto. Sin importar que los científicos demuestren lo milagroso de la imagen o no, o la existencia histórica de los involucrados en el relato, desde hace casi cinco siglos, el guadalupanismo se mantiene como símbolo de la identidad de los mexicanos, por decir lo menos.

    Pero sus momentos de escándalo sí que los ha tenido. En 1996 se armó la de ""Dios es grande"" cuando el guardián de la imagen hizo pública su convicción de que el verdadero milagro no se encontraba en la tilma, si no en la devoción. El abad de la basílica de Guadalupe, Monseñor Guillermo Schulenburg, declaró a la revista Ixtus (dirigida por Javier Sicilia) en su número de invierno de 1995, que la fe del pueblo estaba por encima de la historicidad del acontecimiento guadalupano.

    Más aún: Juan Diego es un símbolo y no una realidad, una tradición antes que un sujeto histórico; ""No sólo hubo uno, sino muchos Juan Diego"", dijo el abad en entrevista a la publicación de línea católica. En esos días nadie se rasgó las vestiduras. Pero, meses después, las declaraciones del abad fueron reproducidas convenientemente en una revista italiana y entonces se desató la polémica. Traidor a la Iglesia fue el apelativo más suave que recibió el abad.

    Lo cierto es que detrás había más cosas de las que se veían. El puesto del abad era vitalicio y Schulenburg ya contaba los 80 años de edad; algunos miembros de la jerarquía católica (como el arzobispo Norberto Rivera) discutían la autonomía de la basílica en el manejo de sus recursos. Además, Juan Diego estaba en proceso de beatificación y en ello estaba involucrado el papa Juan Pablo II. Cuestionar la existencia del elegido para trasmitir el mensaje divino, era poner en duda a la propia Iglesia y a su máxima autoridad. Y ni hablar de dudar de la aparición en sí misma.

    Al final,  el escándalo cumplió su objetivo terrenal. Schulenburg renunció a fines de 1996; en 1998 desapareció la figura del abad y quedó un rector del Santuario bajo la jurisdicción del Arzobispo Primado de México. Por lo demás, la imagen de la virgen es visitada por millones de peregrinos como una muestra de que el guadalupanismo no sólo permanece incólume sino que, en tiempos de crisis, se acrecienta.