El testamento de Pito Pérez

Literatura - Obras

El 4 de julio se cumplieron 64 años de la muerte de José Rubén Romero, escritor y diplomático mexicano que perteneció a la Academia Mexicana de la Lengua  -escribió novela, poesía, cuento, ensayo, artículos en revistas- y se volvió célebre gracias a su novela La vida inútil de Pito Pérez, publicada por primera vez en México en 1938.

            Y “porque no hay pena comparable a la de morirse” -diría el famoso vagabundo creado por este autor-, recordamos la fecha con una colección de frases extraídas del “Testamento” de Jesús Pérez Gaona, alias “Pito Pérez”, cuyo cadáver, según cuenta la novela, fue descubierto por un grupo de vecinos madrugadores sobre un montón de basura, con la melena en desorden y lleno de lodo.

            Y así “mezcladas con el polvo de la tierra se perdieron, para siempre, las cenizas inútiles de un hombre…”, amigo del alcohol con dotes de poeta, cuya voz representó una crítica a la injusticia social que continuó aun después de la Revolución Mexicana y de los abusos de la Iglesia sobre el pueblo:

  • “Lego a la humanidad todo el caudal de mi amargura”.
  • “Para los ricos, sedientos de oro, dejo la mierda de mi vida”.
  • “Para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque no se alzan y lo toman todo en un arranque de justicia”.
  • “No creí en nadie. No respeté a nadie. ¿Por qué? Porque nadie creyó en mí, porque nadie me respetó. Solamente los tontos y enamorados se entregan sin condición”.
  • “¡Libertad, Igualdad, Fraternidad! ¡Qué farsa más ridícula! A la Libertad la asesinan todos los que ejercen algún mando; la Igualdad la destruyen con el dinero y la Fraternidad muere a manos de nuestro despiadado egoísmo”.
  • “Esclavo miserable, si todavía alientas alguna esperanza, no te pares a escuchar la voz de los apóstoles: su idea es subir y permanecer en lo alto, aún aplastando tu cabeza”.
  • “Tuve amigos que me buscaron en sus días de hambre y me desconocieron en sus horas de abundancia”.
  • “Cercáronme las gentes, como a un payaso, para que las hiciera reír con el relato de mis aventuras, ¡pero nunca enjugaron una sola de mis lágrimas!”.
  • “Humanidad, yo te robé unas monedas; hice burla de ti y mis vicios te escarnecieron. No me arrepiento, y al morir, quisiera tener fuerzas para escupirte en la faz todo mi desprecio”.
  • “Fui un borracho: ¡nadie! Una verdad en pie: ¡qué locura! Y caminando en la otra acera, enfrente de mí, paseó la honestidad su decoro y la cordura su prudencia; pero del coraje de los humildes surgirá un día el terremoto y entonces, no quedará piedra sobre piedra”.
  • “Humanidad, pronto cobraré lo que me debes!...”.