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Por Alejandro Rosas
Ni el terremoto con que la naturaleza saludó la entrada de Francisco I. Madero a la ciudad de México en 1911, ni el de 1957, que provocó la caída del ángel de la Independencia sobre el Paseo de la Reforma se acercaron siquiera al poder destructor y a la devastación causada por el terremoto que, la mañana del 19 de septiembre de 1985, destruyó parte de la ciudad de México y provocó miles de víctimas.
A las 7.19 horas de aquel jueves 19 de septiembre, un movimiento telúrico de 8.1 grados sacudió la ciudad de México y nada volvió a ser igual. Miles de construciones de todos tipos se vinieron abajo, edificios de departamentos, oficinas, fábricas, hospitales; se calcula que fueron poco más de 2800 edificaciones las que sufrieron daños. Aunque no existe una cifra oficial, se calcula que 10 mil personas perdieron la vida, sobre todo en la zona centro de la capital, colonia Roma, Tlalelolco, entre otras.
A 30 años de la tragedia que marcó a toda una generación, aún se recuerda la crónica que el periodista Jacobo Zabludovsky hizo in situ, recorriendo las principales zonas afectadas por el terremoto. Aún se recuerda también, la forma como el gobierno del presidente Miguel de la Madrid se paralizó frente a la magnitud de la tragedia, y en una primera instancia, argumentando el respeto a la soberanía nacional, rechazó ayuda internacional. Aún se recuerda que fue la sociedad civil la que de manera improvisada, pero efectiva, se organizó para ayudar, cooperar, asistir, ante la indolencia del gobierno.
Entre los edificios que no resistieron la furia de la naturaleza se encuentran, los Televiteatros, Televisa Chapultepec –en donde quedaron sepultados muchos trabajadores, comentaristas y comunicadores-, el Centro Médico, el famoso Hotel Regis –de gran tradición en la historia social del siglo XX-, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas
El terremoto tomó por sopresa al gobierno y a la sociedad; evidenció que en una ciudad susceptible a los movimientos telúricos no existían los protocolos de seguridad, la prevención y la educación adecuada para hacer frente. También mostró la corrupción que había infiltrado los contratos de construcción en el Distrito Federal. De las ruinas que dejó el terremoto, resurgió una sociedad distinta, que hizo conciencia de que, era posible organizarse al margen del gobierno.