El suicidio de Manuel Mier y Terán

La época de la anarquía - Hechos

Las noticias eran confusas. El parte recibido de San Luis Potosí informaba que el general había caído muerto repentinamente en la plaza de la villa de Padilla en Tamaulipas. Algunas voces hablaban de envenenamiento; otras, que había sido asesinado mientras se encontraba en el campo observando la naturaleza. El rumor más fuerte consideraba posible el suicidio.

Mientras se aclaraba la muerte del general Manuel de Mier y Terán, el 9 de julio de 1832 el célebre historiador Carlos María de Bustamante lamentó en su Diario histórico de México la infausta noticia: ""Tamaña desgracia va a tener una larga trascendencia a la causa pública; era la esperanza la nación, por sus servicios, cordura y profundo saber se había ganado un prestigio general en la nación, y todo buen mexicano lo tenía designado en su corazón para presidente de la república"".

Sus elogios no eran exagerados. Don Manuel había escrito su historia desde la época de la independencia, al unirse a la causa insurgente en los primeros años de la guerra. Se adhirió al plan de Iguala de Iturbide (1821) y en poco tiempo ascendió por diversos cargos de la administración pública. Entre 1823 y 1827 fue diputado, ministro de Guerra, director del Colegio de Artillería y dirigió la Comisión de Límites entre México y Estados Unidos. No era un militar dedicado tan sólo a las armas, le gustaba la reflexión, y ""durante los viajes de reconocimiento de los límites de la república... analizaba todo como filósofo versado en las ciencias naturales"" -escribió Bustamante. Era un hombre pundonoroso y visionario que advirtió con tiempo el conflicto de Texas.

El caos de la república durante los primeros años de vida independiente lo sumieron en una profunda tristeza, agravada por su temperamento melancólico. Decepcionado de la situación política del país, las ambiciones partidistas y de las traiciones de quienes consideraba sus viejos amigos insurgentes -que hablaban a sus espaldas criticando injustificadamente la capitulación de Tehuantepec durante la guerra de independencia-, don Manuel tomó la decisión de quitarse la vida el 3 de julio de 1832.

Aquel día se afeitó, vistió con sus mejores galas, permaneció algunas horas en el mismo lugar donde estuvo preso Iturbide, y con el espíritu sereno tomó su espada y se atravesó el corazón. Si la república había sacrificado a Iturbide 8 años antes ahí mismo en Padilla, en un acto de inmolación -quizá tratando de redimir a la Patria-, Terán se suicidó frente a la tumba del libertador. ""Dios le haya dado paz a su alma -concluye la nota de Bustamante- y que su suicidio no haya sido criminal a los ojos de Dios, sino efecto del trastorno de su cerebro"".