El ritual del poder

La estabilidad - Hechos

Toda ""presidencia imperial"" ha tenido un comienzo digno de un monarca. La transmisión pacífica del poder ejecutivo -""gran logro de la Revolución"", según Portes Gil- se ha convertido en un ceremonial que da indicios de los rasgos que tomará el gobernante en turno durante ""su"" sexenio.

 

El rito se desarrolla con gran solemnidad: Primero la apertura de la sesión general del Honorable Congreso de la Unión, después la llegada del presidente saliente y minutos más tarde hace su entrada el mandatario recién designado. A la llegada de éste, todos los concurrentes se ponen de pie, excepto el presidente de la Cámara de Diputados, que se queda sentado no por falta de cortesía, sino como evidencia del respeto mutuo entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.

 

Antes de tomar la banda presidencial, se lleva a cabo la protesta: el nuevo ejecutivo se pone de pie con el brazo derecho en alto, ante un ejemplar de la constitución y el presidente del Congreso, todos los demás asistentes parados también y guardando respetuoso silencio escuchan: ""Protesto aguardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la nación me lo demande.""

 

Las últimas frases del texto constitucional se pierden en el clamor de una ovación entusiasta y unánime.  Cuando el público lo permite, el Primer Magistrado recibe la banda presidencial del presidente del Congreso y lee un mensaje a la Nación. Terminada esta ceremonia se le conduce a Palacio Nacional para dar paso al desfile de las fuerzas militares.

 

Palabras mas palabras, palabras menos, todos los presidentes han tenido festejos parecidos, pero nunca iguales. Cada uno marcó su propia estampa.

 

Lázaro Cárdenas hizo su entrada triunfal el 30 de noviembre de 1936 en el Estadio Nacional. Gente de todos los sectores llenaba la gradería del recinto que fue insuficiente para recibir a uno de los presidentes más populares en la historia de México. Vestía un sencillo traje negro como ""muestra de solidaridad y afecto a los obreros y campesinos que le dieron su voto en los comicios de julio último"". Y como una señal de que ejercería el poder pleno sin cortapisas callistas, Abelardo Rodríguez le cedió la banda presidencial sin la intermediación del presidente del Congreso. Contento de entregar el poder, Rodríguez se paró y con un efusivo abrazo entregó la banda.

 

""Escrupulosamente apegada a los ordenamientos constitucionales y al ceremonial militar, la toma de posesión del presidente Miguel de la Madrid tiene como características principales la sobriedad y austeridad, enmarcadas en el acto más solemne y representativo de la liturgia política mexicana."" Esta descripción del 1 de diciembre de 1982 bien podría ser utilizada para relatar la toma de posesión de Manuel Ávila Camacho quien prefirió el recinto de Donceles, antiguo Palacio Legislativo, al Estadio Nacional para recibir el poder. Éste fue un augurio del cambio de rumbo que se daría en la política mexicana con el último presidente militar. La característica ostentación de Miguel Alemán inauguró la moda de realizarlo en el Palacio de Bellas Artes con gran cantidad de personas, pero selecta concurrencia. Muy a su pesar el mismo Alemán entregó el poder también en Bellas Artes. Con un frío y forzado abrazo no tuvo más remedio que ceder la banda presidencial a Ruiz Cortines. Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz también asumieron el poder en este magno lugar.

 

Para Luis Echeverría, el Auditorio Nacional fue el lugar adecuado. En una ceremonia de ocho horas sin necesidad de ningún respiro, el incansable Echeverría modificó diversos pasos del ritual: la foto de gabinete tomada tradicionalmente en la oficina presidencial fue realizada en el patio de Palacio Nacional y a la vista de un mundo de reporteros y fotógrafos. José López Portillo, quien gustaba también de los grandes escenarios, estuvo de acuerdo en realizar la protesta presidencial en el mismo lugar que su antecesor.

 

Por primera vez en la toma de posesión de un presidente mexicano, Carlos Salinas de Gortari contó con la asistencia de varios mandatarios extranjeros. ¿Señal del respeto internacional que el país y el presidente Salinas tendrían durante su periodo? Por último, un ¡Viva México! cimbró el recinto parlamentario de San Lázaro al finalizar la toma de posesión de Ernesto Zedillo Ponce de León. Pero el detalle curioso fue que su antecesor, Carlos Salinas de Gortari decidió ya no acompañar al presidente Zedillo a Palacio Nacional como solían hacerlo los mandatarios salientes. ¿Augurio de ruptura?

 

Mil y una suposiciones se pueden establecer de estas fiestas imperiales. La toma de poder ha significado mucho más que el mero acto republicano de recibirlo. Actitudes, gestos, el trato entre el gobernante saliente y el entrante en el momento de ceder y recibir el poder se convierten en indicios de los tiempos que vendrán.