El pensador mexicano, Fernández de Lizardi

Literatura - Personajes

A José Joaquín Fernández de Lizardi lo conocían como el “Pensador mexicano”, primero por el nombre del periódico que fundó en 1812 —cuyo contenido buscaba respaldar la revuelta del cura Hidalgo y, más tarde, la causa de José María     Morelos—, después porque él mismo se encargó de firmar varios documentos e incluso su testamento bajo ese seudónimo.

            Nació el 15 de noviembre de 1776 en la Ciudad de México y ganó fama como escritor “constante y desgraciado”           —según sus propias palabras— por sus artículos políticos y sus novelas.

            Autor prolífico, considerado precursor de la novela hispanoamericana; sin duda, la novela El Periquillo Sarniento, escrita en un lenguaje popular y sarcástico, es su obra más famosa.

            “Es menester tener presente ­—advierte en una de las primeras ediciones— que esta obra se escribió e imprimió en el año de 1816, bajo la dominación española, estando el autor mal visto de su gobierno por patriota, sin libertad de imprenta, con sujeción a la censura de oidores, canónigos y frailes y con la necia y déspota inquisición encima.”

            Falleció en la Ciudad de México el 21 de junio de 1827 y en su lápida puede leerse su epitafio que reza: “Aquí yace El Pensador Mexicano quien hizo lo que pudo por si patria”.

            Ese mismo año escribió su testamento, en donde establece:

“Dejo a mi patria independiente de España y de toda testa coronada, menos de Roma. Dejo esta misma patria libre de la dominación española; aunque no muy libre de muchas de sus leyes y de las despóticas rutinas de su gobierno.”

“Dejo al señor Presidente de la República el saludable consejo de que no se sacramente en las recámaras de Palacio; que se familiarice con el pueblo, que salga a los paseos públicamente, que asista al teatro de cuando en cuando…”

“Dejo una policía asombrosa. No se ven en las calles de la opulenta México sino enjambres de perros y encuerados. Mientras para ser ciudadano no sea necesario andar decentemente vestidos, la gentuza de nuestro populacho siempre será la vergüenza del mundo; y aún esta pena de la suspensión de los derechos de ciudadano, que es bien grave, puede que no les hiciera fuerza: necesitan otras más graves.”

“Dejo a mis enemigos, los fanáticos, el cuidado de destrozar y morder mi opinión siempre que puedan, bajo el seguro de que no les puedo responder, pero acuérdense que mientras viví, nadie me fue por la respuesta a Roma cuando me insultó por las prensas.”

“Dejo a los escritores la lección de que no se empeñen en defender los derechos de otros con demasiado calor, ni en combatir los abusos con energía, pues además de que adelantarán muy poco en tan grande empresa, se atraerán el odio de todos los criminales, y si estos pudieren, no cesarán de perseguirlos.”