El Palacio de Bellas Artes

Arquitectura, Arquitectura - Obras

El 1o de ocutubre 1904, por iniciativa del Ministro de Hacieanda, José Ives Limantour,  se iniciaron las obras de construcción del Teatro Nacional, encargadas al arquitecto  Ádamo Boari. Con ello, el gobierno del general Porfirio Díaz pretendía substituir al vetusto teatro Santa Anna (Teatro Nacional), ubicado en la avenida Cinco de mayo, ""demolido poco antes por exigencias de urbanización"".

Sin embargo, se sabe que la principal intención para construir una obra de tal magnitud era para estar a la altura de los grandes teatros del mundo como la Ópera de París. Y aunque su inauguración estaba planeada para la celebración del centenario de la independencia, las metas se vieron frustradas por la tardanza de la obra, debido a los constantes hundimientos del edificio, y por el inicio de la Revolución de 1910.

Las obras fueron abandonadas en 1916, por la falta de recursos y por la salida de Boari del país. Y aunque hubo algnos intentos por retomar la construcción en los regímenes presidenciales siguientes, diversas circunstancias lo impidieron. En 1919, por ejemplo, bajo las órdenes del Primer Jefe Venustiano Carranza, se reanudaron las obras. Sin embargo, se volvieron a interrumpir los trabajos.

En 1928, durante el último año presidencial del general plutarco Elías Calles, se abrió una nueva subscripción pública para terminar las obras del Teatro Nacional, pero bajo la prerrogativa de ""abandonar todo propósito de lujo"".

Los nuevos encargados de la obra, los arquitectos Federico Mariscal y Alberto J. Pani, disentían del proyecto original, por considerarlo, como ""inscrito al espíritu de esa época,  por su confianza ciega, su incosciente banalidad, su bienestar sin raíces, su gusto por la ornamentación ostentosa y complicada"".

Después de dos años de trabajos, en septiembre de 1934, el presidente Abelardo L. Rodríguez inauguró el edificio del Palacio de Bellas Artes, abriendo las puertas, a lo que con el tiempo se convertiría, en el máximo receptáculo de la cultura nacional.

Las dos apuestas culturales que conviven en el edificio (la porfiriana y la posrevolucionaria), son estaciones en ese trayecto que reflejan con exactitud las aspiraciones específicas de cada época.

A pesar de la ácida crítica que Mariscal y Pani hicieron del proyecto que heredaron y modificaron, ellos adoptan una actitud similar, asumiéndose como intérpretes de un régimen que aspira a ser también modernizador y vanguardista.

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https://youtu.be/ddkp_6VMq1A