El Padre Jesús

La revolución - Vida Cotidiana

Ya no había parque. Durante los combates de los últimos tres días se habían disparado todos los cartuchos. En un esfuerzo desesperado, a punta de machete, la caballería zapatista arremetió contra los carrancistas haciéndolos correr despavoridos. A pesar del esfuerzo, la caída del pueblo era inminente.

Zapata ordenó la evacuación de Tlaltizapán, mediaba el año de 1916. Apenas hubo tiempo de recoger el archivo, la correspondencia, los títulos de propiedad, los decretos. El caudillo esperó hasta el final, y antes de abandonar el pueblo, cabalgó unas cuadras hasta la parroquia. Estaba decidido a llevarse al santo de su devoción, el Padre Jesús -imagen venerada por el caudillo del sur desde su juventud.

Según los lugareños, una vez en el templo, Zapata intentó sacar al santo por la puerta principal pero algo lo impidió. Realizó un segundo esfuerzo pero fue imposible. Una fuerza extraña, invisible, parecía oponerse. ""Papá Chucho, no seas cabrón, déjame ponerte a salvo"" -le decía Emiliano a su santo. Los minutos transcurrieron y ante la imposibilidad de sacar al padre Jesús, Zapata tomó la decisión de marcharse solo, pero era demasiado tarde: quedó atrapado en el atrio de la iglesia.

Los disparos se hacían más frecuentes y conforme pasaban los minutos la posibilidad de la escapatoria se alejaba. El caudillo invocó entonces a ""papá Chucho"", a quien solía encomendarse antes de cada batalla y sucedió lo inesperado. Quienes presenciaron aquella escena -mezcla imaginación, fe, mito y tradición oral-, vieron cómo a espaldas de Zapata, sobre su mismo caballo, apareció sentado un hombre de larga túnica, era el Padre Jesús. En ese momento se alzó una impresionante tolvanera que cegó varios minutos a las tropas enemigas. Zapata tomó con fuerza las riendas del caballo y se lanzó a galope para perderse por los caminos de Morelos.

Dos soldados que presenciaron el milagro dieron parte de lo sucedido a su general. Furioso, el oficial comentó: ""Pues si el santo es zapatista, debemos colgarlo"" y encomendó a sus dos subalternos la ejecución para el día siguiente, en un amate que se encontraba en el atrio del templo. Los soldados no pudieron cumplir la orden, un rayo acabó con sus vidas frente a la parroquia. Ni siquiera habían logrado bajar al padre Jesús de su altar.