El ocaso del movimiento

Aires libertarios - Hechos

Por Sandra Molina Arceo

Morelos comenzó su declive en términos militares al finalizar 1813. El 23 de diciembre de 1813, con cerca de 10 mil hombres, los insurgentes se enfrentaron a los realistas en las Lomas de Santa María, cerca de Valladolid pensando que las tropas enemigas no eran numerosas. Y sí lo eran, pero el virrey había dispuesto refuerzos y al mando de ellas estaban dos militares realistas muy respetables: Ciriaco de Llano y Agustín de Iturbide, quienes lo tomaron por sorpresa obligándolos a retroceder y por la noche, cuando Morelos planeaba reagrupar sus fuerzas para dar el asalto definitivo, apareció Iturbide que hizo una fugaz incursión en el campamento insurgente, sembró el pánico y la confusión.

En contra de todas las recomendaciones de sus hombres y con sus tropas desmoralizadas, Morelos decidió librar una nueva batalla; sin embargo, lograron convencerlo de que no se expusiera y se retiró dejando el mando a Matamoros. El 5 de enero de 1814, en Puruarán, Ciriaco de Llano derrotó a los insurgentes en poco más de treinta minutos y tomó prisionero a Mariano Matamoros.

Morelos no sólo había perdido a su mano derecha, fue despojado del mando por los diputados del Congreso, quienes lo señalaron como responsable de los desastres militares ocurridos; y Hermenegildo Galeana, otro de sus hombres más leales, tuvo un desafortunado encuentro con los realistas en Coyuca y cayó muerto el 27 de junio de 1814.

En medio del desastre, las tropas de Calleja aprovecharon para avanzar sobre Chilpancingo, obligando al Congreso a huir de un lugar a otro hasta establecerse en Apatzingán, donde acabó de discutirse y se promulgó, el 22 de octubre de 1814, la Constitución de Apatzingán, inspirada en Los Sentimientos de la Nación.

Aunque esta Constitución nunca pudo entrar en vigor por circunstancias de guerra, es considerada la primera Constitución mexicana. Su artículo 9º, dedicado a la soberanía, sin paralelo en su época, establece: “Ninguna nación tiene derecho para impedir a otra el uso libre de su soberanía. El título de conquista no puede ligitimar los actos de la fuerza; el pueblo que lo intente debe ser obligado por las armas a respetar el derecho convencional de las naciones”. Y aunque la libertad de culto está excluida como derecho por circunstancias propias de la época, sí contiene el primer catálogo de derechos humanos en la historia de México.

  En los siguientes meses Morelos permaneció inactivo, ocupado sólo de algunas campañas militares en las que fue derrotado la mayoría de las veces. Así, en su declive militar y político, fue designado para escoltar al Congreso a Tehuacán, en Puebla; pero el 5 de noviembre de 1815, en Temalaca, fueron sorprendidos por los realistas. Morelos le ordenó a Nicolás Bravo que avanzara con el Congreso mientras defendía la retaguardia; logró ponerlo a salvo, pero el cura de Carácuaro fue capturado.

Morelos fue trasladado a la ciudad de México para ser sometido a un proceso militar e inquisitorial. Declarado hereje, fue amenzado con negarle la absolución y temeroso de morir en pecado, y con el ánimo quebrantado, pidió clemencia; con tal de lograr el perdón delató a sus compañeros señalando los lugares donde los insurgentes guardaban sus armas. El perdón no le fue otorgando y el virrey Calleja lo condenó a muerte.

El 22 de diciembre de 1815, fue sacado de su prisión en la Ciudadela con dirección a la Villa de Guadalupe, pidió permiso para bajar y rezar un momento; de ahí continuaron hasta San Cristóbal de Ecatepec, en donde, de rodillas y con un crucifijo en la mano, fue fusilado.