Gengis Hank y sus ejes viales

La época de las crisis - Hechos

No era un lunes como cualquier otro. Era el 25 de junio de 1979 y los habitantes de la ciudad de México se disponían a utilizar los nuevos ejes viales, inaugurados por el presidente López Portillo y el regente Carlos Hank González, el sábado anterior. Había desconcierto entre los conductores. Los ejes viales que cruzaban Insurgentes estaban prácticamente desiertos. Los automovilistas no se acostumbraban a las nuevas vialidades y seguían transitando por aquellas calles, en donde, durante más de un año, lo estuvieron haciendo. 

Apenas un año antes, la ciudad de México mostraba un rostro completamente diferente. Parecía una urbe devastada. Casas demolidas, zanjas de gran tamaño, árboles por los suelos, tierra y polvo que impregnaban el ambiente. Sin embargo, no era una guerra o un fenómeno natural los que arremetieron en 1978 sobre la ciudad de México, era la voluntad del Regente del Distrito Federal, Carlos Hank González, dispuesto a dejar su recuerdo en la memoria colectiva de los capitalinos a través de una obra pública sin precedentes: los ejes viales. 

Si bien el problema vehicular se había incrementado drásticamente en las últimas décadas y vías como el Periférico, el Viaducto, la avenida de los Insurgentes, el Paseo de la Reforma, avenida Universidad o Revolución comenzaban a ser insuficientes para el tránsito cotidiano -además de que algunas aún estaban inconclusas-, el anuncio de la construcción de los ejes viales fue severamente criticado. 

Hank González se empecinó en realizar la obra. Los ejes eran casi una obsesión personal. Poco importaron las voces de los miles de ciudadanos que de la noche a la mañana vieron expropiadas sus propiedades ""por causa de utilidad pública"" -los cuales fueron indemnizados con cantidades irrisorias. De nada sirvió que las familias afectadas buscaran el amparo de la ley, pues la justicia -por entonces al servicio del gobierno- terminó apoyando al regente. 

Cientos de árboles fueron arrasados ante la férrea crítica de los primeros grupos ecologistas que no sólo fustigaban la deforestación de la ciudad sino que veían en los ejes un despropósito: en vez de fomentar y desarrollar un transporte público verdaderamente eficiente y menos contaminante, las nuevas vialidades eran una abierta invitación al uso indiscriminado del automóvil. 

Por si fuera poco, desde el 24 de abril de 1978, cuando inició la construcción de los ejes viales, la ciudad se volvió intransitable. Durante los siguientes años, las obras provocaron un caos vial sin precedentes en la historia de la ciudad. Los congestionamientos estaban a la orden del día, la contaminación se elevó y los transeúntes respiraban el polvo y la tierra que se acumulaba día con día. 

La irritación de la sociedad capitalina no podía ser mayor. La vox populi rebautizó al regente con el mote de Gengis Hank, porque recordaba al conquistador mongol que arrasaba con las ciudades que encontraba a su paso. Al Distrito Federal no le fue mejor, los capitalinos ya le llamaban Detritus Defecal, el Defecante o Viet Hank. 

En una entrevista concedida a La Jornada, el 26 de junio de 1999, Hank González recordaba: ""…al hacer los ejes viales la ciudadanía se encrespó. Me aborrecía, odiaba e insultaba a Hank González... y a su mamá. ¡Fue terrible!, pero había que hacerlos, y la gente tenía razón en quejarse... Materialmente tuve que destruir la ciudad para que después me permitieran reconstruirla, como se hizo. Me acuerdo que fue la época de los chistes: que ya no era Hank González sino ‘Zanjas Viales’; muchos insultos, muchas ofensas... 

Como un secreto a voces llegó a decirse que ""el profe"" -como le llamaba la clase política-, sabía combinar sus negocios particulares con los asuntos públicos y que la construcción de los ejes viales le habían reportado grandes beneficios. Dos frases de su autoría -famosas dentro del PRI-gobierno- avalaban los rumores, ""un político pobre es un pobre político"" y ""la política es una carga muy pesada, pero los fletes son muy buenos"". 

Gran suspicacia provocaron los contratos realizados para la construcción de los ejes viales. De todos era conocida la generosidad de Hank González con sus amigos y muchos se beneficiaron con la transformación urbana de la capital del país. Algunas personas sugirieron gastar los más de veinte mil millones de pesos autorizados para la obra en mejoras al transporte público o nuevas líneas del metro. Pero el regente hizo caso omiso de cualquier voz disidente. 

Como ya era costumbre en el gobierno, el 23 de junio de 1979 se inauguraron ""a medias"" los primeros 15 ejes viales, equivalentes a 133 kilómetros. Algunos se encontraban inconclusos en su extensión total, en otros sólo funcionaban algunos carriles. El propio López Portillo había tenido sus dudas respecto de toda la obra, sin embargo, dejó hacer a Hank González, y escribió en sus memorias: ""El sábado pasado inauguré los famosos ejes viales, aquí en el D.F. ¡Cuánto escándalo! Ya están. Espero que funcionen y que justifiquen gasto y prestigio. Hank se la jugó realmente. Ahora cosechará"". 

En los días inmediatos a la inauguración era sorprendente ver a los conductores manejando por las pequeñas calles adyacentes a los ejes viales, como si quisieran recuperar sus viejos trayectos, el rostro perdido de la ciudad, su centenaria tranquilidad. Sin embargo, ya nada volvería a ser igual. Con el paso del tiempo las nuevas vialidades demostraron su funcionalidad, pero también, que habían sido tan sólo un paliativo ante la falta de visión urbana a largo plazo, en una ciudad que se convertía ya en megalópolis.