El mercado de Sonora

Nota Curiosa

Alejandro Rosas

En pleno siglo XXI no es extraño que la gente siga buscando la solución a sus problemas de salud, de trabajo, de amor, familiares y de cualquier otro tipo en las manos de algún brujo, chamán, curandera, adivina y cuantos oficios mágicos ofrezcan la posibilidad de encontrar algún remedio efectivo, ya sea para lanzar un hechizo o para contrarrestarlo. 

          No sorprende que la gente vaya al mercado de Sonora a buscar sapos, que no pueden faltar en todo hechizo que se precie de ser efectivo; la famosa –según se dice-, cédula de San Ignacio, para alejar las malas vibras en el hogar; manteca de cacao para limpiar el aura; polvos de odio, para alejar y separar personas, ideales para arrebatar el amor de otros; baño de hierbas “de rompezaragüey” contra las envidias y la mala suerte deseada por otros para uno;  porlvo original del corderito manso, para apaciguar a las personas que buscan hacernos daño; las infaltables herraduras para la buena suerte; veladoras para toda ocasión: sanación, éxito, amor, deseos sublimes, bienestar económicos e incluso veladoras negras para solicitarle algún favor al maligno. Semillas de ojo de venado contra el mal de ojo; colibríes para la buena suerte.

            Y esta es la tradición del famoso mercado de Sonora, el sitio ideal para la magia blanca y la magia negra. No es un mercado de tradición centenaria, como el de San Juan, la Lagunilla o la Merced, fue inaugurado por el presidente Ruiz Cortines en 1957, y su nombre se debía a la cercanía con el cine Sonora que ya no existe. Pero rápidamente se ganó un lugar en el gusto popular porque se convirtió en el puente con lo místico.

            Y aunque entre sus pasillos también se pueden encontrar artículos religiosos, decorativos, artesanías, juguetes, artículos para temporadas como el mes de la Patria, la festividad de muertos o la Navidad, artículos para bodas, primeras comuniones, bautizos y cumpleaños, lo que impera son los productos esotéricos.

Se dice que en el mercado de Sonora se consolidó la devoción por la Santa Muerte a partir de 1994 cuando México sufrió la última gran crisis económica de los años recientes.