El juego de pelota. La batalla entre el Sol y la oscuridad

El siglo de la conquista - Hechos

Los nahuas lo llamaron Tlatchtli o Ulama -de las etimologías ullamalitzli (juego) y ulli (hule); mientras que los mayas lo llamaron hom (que significa tumba). Se trata de un juego ritual -no precisamente un deporte- común a la mayor parte de las culturas mesoamericanas.

    Se cree que esta escenificación religiosa representaba el drama entre las fuerzas luminosas de la vida frente a los seres antagónicos del inframundo, donde la pelota era un símbolo cósmico, probablemente solar. Se ignoran sus reglas, pero se sabe que en algunas versiones únicamente estuvo permitido golpear la pelota con las caderas y los codos, en otras, con antebrazos, rodillas, palos o manoplas.

       A pesar de las variantes, se pueden señalar ciertos rasgos comunes, como la arquitectura de sus canchas en forma de I latina, de T o de doble T (una de ellas invertida). Se trata de una morfología opuesta a la de las pirámides que ascienden o apuntan en dirección del cielo; en este caso los campos descienden hacia el inframundo, por ello fueron ubicadas en las partes más bajas de las ciudades o incluso en desnivel respecto del resto de los edificios.

     Algunos investigadores afirman que se practicaba durante la época de sequía para propiciar las lluvias, apoyándose en una vasta iconografía alrededor del juego como son árboles, daturas y diversas plantas, incluyendo alusiones al maguey y al pulque; animales insistentemente asociados a Táloc, como serpientes, cocodrilos, sapos, tortugas, caracoles, moluscos, y otras especies como mariposas, jaguares, insectos, así como el símbolo ollin -movimiento- que comparte la etimología de la palabra ""hule"" -material con que se elaboraban las pelotas-.

     Igualmente se sabe que se jugaba individualmente o en equipos -hasta de 7 jugadores-; su importancia alcanzó tal magnitud que dio lugar al profesionalismo con apuestas que incluían joyas, esclavos, mujeres, esposas, hijos o la propia libertad del apostador; diversas estelas lo ligan a cautivos y sacrificados. Algunos arqueólogos creen que fungió políticamente como sustituto de la guerra, donde líderes se disputaban la vida o algún territorio en una confrontación.

     En los primeras décadas del virreinato, cronistas como Fray Bernardino de Sahagún lo describen como una práctica que se caracteriza por su rapidez y alto grado de peligrosidad; fray Juan de Torquemada como una muestra endemoniada de lo que el religioso quiso proyectar como el oscuro pasado mexicano.

     Desde la datación del más antiguo vestigio se cuentan más de 3000 años de su práctica. La arqueología ha registrado más de 1500 canchas en México -tan sólo Tajín, en Veracruz, tiene 17 y Cantona, en Puebla, más de veinte-. Existen numerosas canchas en el sur de los Estados Unidos -por lo que puede interpretarse como un fenómeno del intercambio cultural, más allá de las fronteras mesoamericanas-, donde actualmente sirve, en su modalidad moderna, como elemento identitario entre indígenas migrantes que aún lo practican.


Liga de interés

Juego de pelota