El globo de Cantolla

La era liberal - Vida Cotidiana

Si bien, en vísperas de la llegada de Maximiliano, hacia 1864, los capitalinos ya conocían las ascensiones en globo, durante esa época apareció en escena el célebre don Joaquín de la Cantolla y Rico.

De la Cantolla y Rico distribuía su tiempo entre el cielo y la tierra: algún mal cálculo lo llevaba súbitamente de las nubes al suelo, para impactarse en casas, edificios, monumentos, plazas o llanos. Decía que la perversidad humana radicaba en la tierra y por tal motivo procuraba remontarse a los cielos siempre que podía.

Don Joaquín se hizo famoso con tres globos que significaron la alegría de niños y adultos: el Moctezuma I, el Moctezuma II y el Vulcano. Éste último fue el más grande que se vio en la Ciudad de México hasta los primeros años del siglo XX; tenía una altura aproximada de 20 metros e inflado llegaba a la mitad de las torres de Catedral.

Junto con Cantolla y Rico, los aeronautas encontraron otras formas de entretener al público desde las alturas. Hacia la década de 1870, el Circo Treviño contrató a un aeronauta estadounidense que hacía malabares en un trapecio y desde lo alto, soltaba a un perro en paracaídas que al tocar tierra salía corriendo despavorido.

En 1892, el público dejó de ser testigo y pudo finalmente subirse a los globos. Don Ángel S. Torres, con su globo ""Marte"", colocado en el Tívoli del Eliseo inauguró la gran atracción.

Su globo se elevaba hasta 500 metros y en su canasta cabían 15 personas. El 29 de 1893, la pareja de recién casados conformada por Luis Bertoj y Luisa Orellana, decidieron iniciar su viaje de bodas con una ascensión en el ""Marte"", que causó gran entusiasmo en la sociedad capitalina.