El general Cástulo Alatriste

La era liberal - Personajes

Alejandro Rosas

Era el tiempo de la guerra. Sus dotes intelectuales y su conocimiento de las leyes debían esperar un mejor momento. La Patria le pasó revista en enero de 1862. Por entonces, la guerra era inminente. Desde los primeros días del año tropas de España, Inglaterra y Francia habían desembarcado en Veracruz para exigir al gobierno del presidente Juárez el pago de la deuda externa.

           Nadie sabía a ciencia cierta el rumbo que tomarían los acontecimientos, sin embargo, el general recibió el nombramiento de segundo del Comandante Militar de Puebla y puso su vasta experiencia en la administración pública al servicio de la república. Durante las siguientes semanas, el general don Cástulo Alatriste ayudó en la organización e instrucción militar de las fuerzas poblanas que se alistaban ante cualquier eventualidad.

            En marzo, el general marchó a Izúcar de Matamoros para combatir a las tropas conservadoras de Leonardo Márquez que merodeaban Puebla. Ante la superioridad numérica del enemigo, el 10 de abril, Alatriste se hizo fuerte en el Calvario, paraje cercano a Izúcar, en donde enfrentó el asalto de cuatro mil soldados durante varias horas.

            La resistencia del general Alatriste se hubiese prolongado durante días. pero los cartuchos se agotaron. Con algunos tiros por disparar, don Cástulo dio una orden que parecía más una invocación a la muerte: “¡Compañeros, a formar cuadro; después de quemado el último cartucho resistiremos con la bayoneta!”.

            En medio del fragor de la batalla, una bala perforó el brazo izquierdo del general, quien no  pudo sujetar las riendas y rodó por los suelos todavía con vida. El general Alatriste había caído prisionero de las fuerzas de Leonardo Márquez. 

            Conducido a Izúcar de Matamoros, don Cástulo sabía que sus horas estaban contadas. En la antesala del patíbulo, el general se dio tiempo para rechazar al indulto que le ofrecieron a cambio de firmar la retractación pública de sus principios. Tomó algunos minutos para despedirse de sus hombres y se le escuchó decir. Dulceet decorum est pro patria mori –“Es dulce y honroso morir por la patria”.

            Al amanecer del 11 de abril de 1862, el general Cástulo Alatriste caminó al paredón. Antes de que el oficial diera la orden de  ejecución, el general exclamó: “Muero pidiendo por el bien de mi patria y el de mi familia. Disparen con valor, que muero por mi patria”. Se escuchó la señal de fuego y los soldados descargaron sus fusiles. Cayó muerto a la edad de 42 años, su nieto Aquiles Serdán se encargaría de recoger su tradición liberal.