El chiapaneco universal

Literatura - Personajes

“Quien dice verdá tiene la boca fresca como si masticara hojitas de hierbabuena, y tiene los dientes limpios, blancos, porque no hay lodo en su corazón”, dice el viejo Tata Juan, al inició del cuento “Quien dice verdad” (1959), escrito por Eraclio Zepeda.

El chiapaneco universal, falleció este jueves 17 de septiembre, en la misma ciudad que lo vio nacer hace 78 años: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Nacido en 1937, inquieto desde siempre. Así lo describió Vicente Quirarte en el discurso con el que le dio la bienvenida como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua en el año 2012: “del niño que a los diez años de edad publicaba el periódico Alma infantil al orgulloso padre de Masha y abuelo de Milena, ambas nacidad entre la magia y la creación, han ocurrido infinidad de viajes, descubrimientos y tareas. En esencia, Eraclio sigue siendo el niño travieso, ingenioso y sabio con sonrisa y respuesta para todo.

Estudió antropología social en la Universidad Veracruzana. Fue poeta, narrador, cuentista, profesor en México, Cuba, Rusia y China. Aunque escribir era su oficio, también se dio tiempo para ser secretario general de Gobierno en Chiapas (1994) y Embajador de México ante la Organización de las Naciones Unidas, para la educación, la ciencia y la cultura (UNESCO); militó en el Partido Obrero y Campesino de Chiapas, y en el Partido Comunista Mexicano; transitó por la ruta de Marco Polo de Jerusalén a Pekín, participando en programas de turismo y de promoción cultural; incluso fue actor –aunque de un solo personaje-. Interpretó a Pancho Villa en las películas: Reed México Insurgente, dirigida por Paul Leduc, y Campanas Rojas, dirigida por Sergei Bondarchuk.

A lo largo de su trayectoria recibió los premios Chiapas de  Arte (1983), el Premio Nacional de Cuento por “Asalto nocturno” (1974) y el Xavier Villaurrutia por “Andando el tiempo”.

Perteneció al grupo La Espiga Amotinada. Su obra principal fue una tetralogía compuesta por cuatro novelas, dedicadas a cada uno de los cuatro elementos, Las grandes lluvias, Tocar el Fuego, Sobre esta tierra y el Viento del siglo.

Eraclio Zepeda estuvo, toda su vida, enamorado de Chiapas, estado que representó en la Academia Mexicana de la Lengua y gran protagonista en la biblioteca personal del escritor.

“Quien esto escribe –dice Vicente Quirarte- no hubiera entendido cabalmente la figura de Belisario Domínguez, claro varón de Comitán, de no haber sido por obras consultadas en la biblioteca eráclita; si ese senador impar fue un héroe civil, como el propio Eraclito lo dice en su prólogo a palabras belisarias que bien pueden ser consideradas una nueva oración sobre la dignidad del hombre, es porque Eraclio Zepeda ha dedicado su existencia a merecer un calificativo semejante”.