El Banco de Avío

La época de la anarquía - Vida Cotidiana

Sandra Molina Arceo

“…que deben procurarse fábricas que produzcan los artículos de mayor consumo y que sean también las más fáciles de establecer –escribió Lucas Alamán el 12 de febrero de 1830-. Tejidos baratos de algodón, lino y lana, necesarios para vestir a la clase más numerosa de nuestra población, son las cosas que deben fomentarse, alentando a los capitalistas mexicanos y extranjeros a fundar fábricas con la maquinaria necesaria para que los artículos resulten a precios moderados, algo que nunca se conseguirá sin esta ayuda…”

     El Banco de Avío fue la primera institución de fomento industrial de la historia económica de México. Creado el 16 de octubre de 1830, por el presidente Anastasio Bustamante con la Ley del Banco de Avío para Fomento de la Industria Nacional, su propósito era sentar las bases para el desarrollo industrial del país, a partir de la industria textil.

    La institución fue concebida como fondo de capital privado. No era un banco mercantil de depósito o emisión de billetes, sino una entidad que otorgaba créditos para estimular el desarrollo industrial y agrícola. Su fundador, promotor, primer presidente de la Junta Directiva y protector, fue el político, historiador e intelectual, guanajuatense, Lucas Alamán.

     Pero no era tiempo para instituciones ni para fomentar nada. En el periodo de 1832 a 1835 el Banco enfrentó la inestabilidad política, mermas financieras, préstamos forzosos por los continuos golpes de estado, lo cual provocó que careciera de los medios necesarios para su subsistencia. La crisis del algodón y consecuentemente de la industria textil mexicana, la pobreza del Estado y de los industriales, apresuraron que el banco desapareciera el 23 de septiembre de 1842. 

Datos:

La primera sesión de la Junta Directiva se celebró el 5 de noviembre de 1830, sentando con ello las bases de la industrialización del país y catapultando a la industria mexicana moderna; concretamente en Puebla.

En enero de 1835 se inauguró la primera fábrica textil de México con el simbólico nombre de “La Constancia Mexicana” que funcionaba hidráulicamente con un apoyo financiero de 184 mil pesos del Banco del Avío y estaba asentada en los suburbios de Puebla.