El Auditorio Nacional

Música - Instituciones

Alejandro Rosas

Con su sonrisa Colgate, su buen ánimo y su buena dosis de autoritarismo, el presidente Miguel Alemán seducía a los mexicanos. De 1946 a 1952 llevó los destinos del país por el camino de una modernidad que no se había visto desde tiempos de don Porfirio, y dirigió a la nación hacia la industrialización. Muchas obras públicas se realizaron bajo su administración, algunas de las cuales parecían mera ocurrencia. Surgidas de un arrebato, de un capricho, de algún sueño e incluso de algún momento emotivo que ayudaba a transformar la realidad. 

          Inaugurado en 1952, el Auditorio Nacional nació de una ocurrencia. El proyecto original no estaba encaminado a la construcción de un magno recinto para dar cabida a lo mejor de los espectáculos y las artes, sino al deporte hípico. Para muchos parecía un capricho presidencial considerando que el Palacio de Bellas Artes era por mucho, el mejor teatro de la capital y daba cabida a la música, a la ópera, a las exposiciones artísticas. La construcción de otro inmueble semejante se acercaba más al impulso faraónico de su régimen.

          Pero Alemán se había emocionado notablemente al recibir la noticia de que  el coronel Humberto Mariles, con su caballo Arete, había obtenido una medalla en los Juegos Olímpicos de Londres 1948. La presea dorada detonó las fibras sensibles del presidente quien vislumbró que la equitación podría ser el nuevo deporte de todos los mexicanos, y sin nadie que lo limitara, ordenó la construcción de “un centro dedicado exclusivamente a espectáculos hípicos”.

          Pasada la euforia olímpica, el gobierno se percató de que el tema de la equitación sólo era del gusto de una minoría dentro de la sociedad, por lo que el proyecto fue replanteado y se propuso que la construcción fuese un centro para actividades culturales, espectáculos, reuniones multitudinarias y otros deportes.

          Aunque no estaba concluido, Alemán no podía darse el lujo de entregar el poder sin haber inaugurado una más de sus obras. De ese modo, la noche del 25 de junio de 1952, el Auditorio Nacional fue inaugurado con un evento que no le decía nada a la mayoría de los mexicanos: la XXXV Convención Mundial de la Asociación Internacional de Leones. Pasarían dos años más, ya en pleno gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, antes de que el Auditorio comenzara su larga historia en el mundo del espectáculo.