"Dios no juega a los dados": Einstein

Ciencia y Tecnología

            El 21 de septiembre de 1909, en un gimnasio del Colegio Andräschule, la Turnsaal I, Albert Einstein – en aquel entonces de 30 años-  expuso por primera vez en público la teoría que había publicado en 1905.

            En aquella conferencia del 81 Congreso de la Sociedad de investigadores y médicos alemanes, había más de mil participantes, entre los que se encontraban Max Planck , Johannes Stark, Max Born, Wilhem Wien y Max Laute, pero ninguno de estos futuros Premios Nobel, fue capaz de predecir la trascendencia de lo que exponía aquel joven físico en su discurso: “Sobre el desarrollo de nuestras ideas de la esencia y la constitución de la radiación”.

            La famosa fórmula E=mc2 fue recibida con reservas, incluso por parte del propio Einstein. “Debo confesar –escribió- que en el mismo comienzo, cuando la teoría de la relatividad especial empezaba a germinar dentro de mí, sufrí toda clase de conflictos nerviosos”.

            El cuarto artículo de la publicación realizada en 1905, titulado “sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento”. Afirmaba la relatividad del tiempo, con la única constante de la velocidad de la luz;  lo que supuso la teoría de la relatividad restringida que echó abajo el supuesto newtoniano de que el espacio y el tiempo eran fijos operando a partir del principio de que la única constante es la velocidad de la luz -300.000 kilómetros por segundo en el vacío-.

            Cualquiera que sea la localización del observador, Einstein se dio cuenta de que el tiempo y el espacio eran magnitudes que dependían de a qué velocidad y en qué dirección se moviera el observador.

            El descubrimiento de la relatividad restringida era solo el inicio de un cuestionamiento más avanzado. Einstein se dedicó a la Teoría de la Gravitación.   En 1915, formuló definitivamente la teoría de la relatividad general, que consideraba la gravitación como una deformación del espacio tiempo.

            La confirmación de sus previsiones llegó en 1919, al fotografiarse el eclipse solar del 29 de mayo; The Times lo proclamó “el nuevo Newton”.

            “Dios no juega a los dados”, repitió Einstein hasta el cansancio en una conferencia realizada en Bruselas en 1927. Así expresaba su inconformidad por el hecho de que la mecánica cuántica solo se ocupaba de probabilidades y no de predicciones exactas. La mayor ambición de sus últimos años fue elaborar una teoría unitaria, síntesis de la gravitación y el electromagnetismo, pero no llegó a lograrlo.

            A pesar del gran éxito y alcances de esta teoría, el Premio Nobel de física que le entregaron en 1921, recompensaba sus trabajos sobre el efecto fotoeléctrico y no aquellos concernientes a la relatividad.