Echarle crema al café: El complot mongol

Literatura

No tenemos en México una tradición de novela negra particularmente sólida. Están por supuesto el trabajo intenso y fructífero de Paco Ignacio Taibo II o, más recientemente, los esfuerzos de autores como Élmer Mendoza y Bef, pero el policiaco, igual que el resto de la literatura de género, no es lo nuestro. La tradición literaria mexicana es, sin embargo, lo bastante sólida y variada como para dar lugar a excepciones históricas notables en casi todos los ámbitos. La excepción, en el ámbito de lo negro, se llama El complot mongol.

Es considerada la novela que inaugura en México el género policiaco con tintes de thriller: el protagonista es un tipo oscuro, desprecia la vida -tanto la propia como la de los demás-; detective que se mete por las truculentas calles del centro de la ciudad donde se encuentra con una serie de personajes que parecen ajenos a la realidad mexicana: chinos, rusos, norteamericanos, muertes y un misterio que resolver.

Reeditada una y otra vez, esta novela apareció en 1969 con la firma de un escritor que no volvió a tener un éxito semejante: Rafael Bernal (n. 1915). Permeada de ironía, narra el duelo de inteligencias entre el espionaje chino, insertado en el barrio de Dolores de nuestro Centro Histórico para desde ahí orquestar el asesinato del presidente gringo, y un hitman del periodo revolucionario, Filiberto García, al que los cínicos gobernantes de la época ven con gran recelo, como a un vestigio del pasado bárbaro que habría que enterrar, pero del que echan mano de vez en vez porque sujetos así, fríos, patibularios, siempre hacen falta.

Novela negra y novela de espionaje al mismo tiempo, esta pieza magistral es sobre todo un retrato de época con tonos crepusculares y una suerte de oda desencantada y cínica a la Revolución Mexicana, un episodio horrible que sólo empieza a diluirse en la historia porque gobiernos más educados, pero de ningún modo más decentes, se deciden a dar un giro hacia la modernización de esta tierra nopalera.

El choque entre el México profundo encarnado por Filiberto y el México de la modernización capitalista a ultranza queda reflejado en esa reflexión de García ante el espectáculo de un comensal gringo, agente de la CIA, que le echa crema al café, en vez de la tradicional leche de toda la vida: ""Pinches gringos -dice Filiberto-. Le echan crema al café como si fueran chilaquiles"". ¿Hace falta más recomendación que esta?

""En el año 2000 la novela El Complot Mongol fue llevada al cómic con guión de Luis Humberto Crosthwaite e ilustraciones de Ricardo Peláez Goicoetxea, sin embargo la historia quedó inconclusa, ya que sólo apareció uno de los cuatro tomos planeados.""

Enlace de YouTube

http://youtu.be/zWiSKoyqwsA