El discurso inaugural de la Universidad Nacional de México en 1910

El Porfiriato - Hechos

Justo Sierra, llamado ""el maestro de América"", fue un intelectual profundamente comprometido con el ámbito educativo en nuestro país. Gracias a sus gestiones en 1905 se creó una dependencia de Estado que concentró la tarea educativa, la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. Al fungir como titular de esta institución, logró cristalizar uno de sus más ambiciosos proyectos: la fundación de la Universidad de México. Justo Sierra consiguió el apoyo del presidente Porfirio Díaz, quien aprobó el proyecto de Universidad en 1907 con miras a que su inauguración se llevara a cabo como parte de las celebraciones del primer centenario de la Independencia de México.

El 22 de septiembre en un solemne acto realizado en el Anfiteatro Simón Bolívar, frente a connotados políticos e intelectuales y con Porfirio Díaz en un sitio de honor, el maestro Justo Sierra ofreció el discurso inaugural de la Universidad Nacional. Las ideas que Sierra expresó aquél día constituyen un notable ejemplo de su ideario educativo, que conjugaba el pensamiento filosófico de la época con una misión que contemplaba las elevadas misiones que debía cumplir una Universidad con las características de la que estaba en sus manos inaugurar.

Para la elaboración del modelo de Universidad que requería el país, Sierra buscó el apoyo de Ezequiel A. Chávez, a quien envió a Estados Unidos y Europa para conocer distintas universidades y ver de cerca la forma en la que estaban conformadas. A su regreso, Chávez y Sierra trabajaron en la creación de una institución que estaría conformada por la Escuela Nacional Preparatoria, Jurisprudencia, Medicina, Ingenieros y Bellas Artes. Además, se planteó la Escuela de Altos Estudios que, en sus inicios, se concibió como la que concentraría los conocimientos más elevados en todas las áreas: ""allí la selección llega a su término; allí hay una división amplísima de enseñanzas; allí habrá una distribución cada vez más vasta de elementos de trabajo; allí convocaremos, a compás de nuestras posibilidades, a los príncipes de las ciencias y las letras humanas, porque deseamos que los que resulten mejor preparados por nuestro régimen de educación nacional"".

Sierra inició su histórico discurso mencionando el papel de la escuela para la sociedad, pues consideraba que la transmisión ordenada y sistemática de los conocimientos de todas las áreas, era un elemento de evolución moral, espiritual e intelectual para todos los individuos. La noción que enunció bajo esta premisa era característica del pensamiento positivista, el cual llevaba las teorías de la evolución de las especies al plano social, y veía en los avances humanos signos irrebatibles de que la humanidad se dirigía hacia una situación de mejora constante. Para el educador Sierra, en este implacable avance, los conocimientos científicos y filosóficos más elevados eran la punta de lanza que llevarían a toda la humanidad por la senda del progreso.

Debido a que la recién inaugurada Universidad tenía como más cercano antecedente a la Real y Pontificia Universidad de México, Justo Sierra intentó establecer una separación entre ambas, que en esencia tenían una conformación y unos objetivos disímiles. Luego de describir la forma en la que se estableció la Real y Pontificia durante la colonia, Sierra habló de un pasado que debía reconocerse como un antecesor, pero al mismo tiempo debía establecerse una san distancia: ""Si no tiene antecesores, si no tiene abuelos, nuestra Universidad tiene precursores: el gremio y claustro de la Real y Pontificia Universidad de México no es para nosotros el antepasado, es el pasado"".

Además de una senda exposición histórica, valiéndose de una serie de metáforas Sierra pronunció las altas misiones de la Universidad Nacional de México: ""La Universidad está encargada de la educación nacional en sus medios superiores e ideales; es la cima en que brota la fuente, clara como el cristal de la fuente horaciana, que baja a regar las plantas germinadas en el terruño nacional y sube en el ánima del pueblo por alta que éste la tenga puesta"".

También exhortó a los universitarios, profesores y alumnos, al cumplimiento de un ideal que, pronunciado frente al presidente Porfirio Díaz a pocos meses del estallido de la revolución mexicana, resulta un interesante llamado al cumplimiento de ""democracia y libertad"", ideales que se enarbolaron como banderas en los primeros años de la lucha revolucionaria: ""sois un grupo de perpetua selección dentro de la substancia popular, y tenéis encomendada la realización de un ideal político y social que se resume así: democracia y libertad"".