Diez meses de sinrazón: la huelga universitaria

La época de las crisis - Hechos

Cuando Francisco Barnés de Castro, Rector de la Máxima Casa de Estudios, anunció en febrero de 1999 un plan para aumentar las cuotas de la UNAM, activó una bomba de tiempo que estallaría semanas más tarde. No era la primera vez que las autoridades universitarias intentaban generar mayores recursos a través de las cuotas, pero la historia de la Universidad demostraba que para los grupos estudiantiles radicales, semejante situación resultaba una verdadera afrenta y en todos los casos se había desatado tenaz oposición. 

A raíz de la aprobación del reglamento general de pagos por parte del Consejo Universitario, comenzó la movilización estudiantil, cuya bandera no podía ser otra más que la gratuidad de la educación como una obligación del Estado. Así se organizó el Consejo General de Huelga, movimiento que se hizo activo en todos los espacios de la Universidad. 

Asambleas y reuniones se organizaron en las facultades y aunque un gran número de estudiantes estaba en contra del incremento a las cuotas, la mayor parte no deseaba el paro de labores indefinido. Sin embargo, los ""ultras"" dentro del propio CGH, ejercieron toda la presión que estaba a su alcance y por medio de la fuerza cerraron Escuelas y Facultades. La Universidad había sido tomada por una minoría, algunos le llamaron ""secuestro"". Era el mes de abril de 1999. 

Una vez iniciado el conflicto, el CGH lanzó un pliego petitorio con 6 puntos, entre los cuales se encontraba la derogación del Reglamento General de Pagos y la suspensión de los procesos judiciales contra sus miembros, acusados de usar la fuerza en los eventos previos al cierre de la Universidad. En un principio, ni las autoridades universitarias, ni la administración del Presidente Ernesto Zedillo hicieron caso a dichas peticiones. 

Algunos sectores de la sociedad se manifestaron abiertamente en contra de la huelga; otros apoyaban de manera decidida a los paristas. Diez meses se perdieron y las divergencias internas entre los grupos estudiantiles comenzaron a manifestarse. El CGH tuvo que lidiar con las pugnas entre los ""ultras"", los ""moderados"" y el sindicato de trabajadores, mientras las autoridades discutían sobre negociar o utilizar la fuerza pública. Además, organizaciones ajenas a la Universidad como el Frente Popular Francisco Villa, pronto se internaron en la UNAM, apoyando al CGH. 

La prolongación del conflicto significó la renuncia del rector y su lugar fue ocupado por Juan Ramón de la Fuente. Con su llegada, las posibilidades de solución se fortalecieron. Inmediatamente derogó el Reglamento General de Pagos y pactó con el CGH el no uso de la violencia para la solución del conflicto. Además, De la Fuente presentó un plan en el que prácticamente todas las peticiones del CGH se resolvían, incluso prometió la conformación de un Congreso Universitario en el que se encausara una reforma universitaria completa. 

A todas luces, el movimiento había triunfado. Simplemente los huelguistas tenían que sentarse a dialogar y listo. Sin embargo, sus elementos más radicales, encabezados por Alejandro Echavarría ""El Mosh"" -que había tomado el liderazgo del movimiento-, se opusieron terminantemente a levantar la huelga y sacrificaron su victoria. A partir de ese momento perdieron legitimidad, credibilidad y apoyo. No supieron negociar con la victoria, no habría posibilidades de hacerlo en la derrota. 

El rector propuso entonces la realización de un plebiscito para conocer la opinión de la comunidad universitaria. El 20 de enero del año 2000, cerca de 180 mil estudiantes, maestros e investigadores acudieron a la votación y expresaron sus deseos de regresar a la Universidad. El CGH, sin embargo, hizo caso omiso de la decisión de la mayoría y permaneció acuartelado en las instalaciones universitarias. 

La administración zedillista por su parte, no quiso intervenir. Dejó transcurrir dolorosamente los días, que se convirtieron en semanas y meses. Por momentos se antojaba inminente un enfrentamiento definitivo entre los estudiantes y los huelguistas por recuperar las instalaciones. Del gobierno ni una señal. Luego de mucho meditarlo finalmente intervino. En un importante operativo, el 6 de febrero del 2000, la Policía Federal Preventiva recuperó pacíficamente el campus universitario. 

El operativo fue ejemplar y la Universidad quedó liberada. Se anunció así, el final de la huelga. Durante la jornada, la violencia estuvo prácticamente ausente. 732 miembros del CGH fueron consignados y una semana después, el 14 de febrero, la comunidad universitaria pudo regresar a sus aulas. Sin embargo, nada pudo reponer los diez meses perdidos entre la demagogia y la obstinación.