25 de noviembre: día internacional contra la violencia hacia las mujeres.

La transición democrática - Hechos

El siglo XX fue el escenario de una de las revoluciones más trascendentales de la historia de la humanidad: la del feminismo. El amplio movimiento social que dirigió sus esfuerzos hacia la construcción de la equidad de género surgió desde finales del siglo XIX, aunque fue hasta la década de 1920 que comenzó a denominarse con el nombre de ""feminismo"", que hasta ese entonces era un concepto que se refería al nivel de ""feminidad"" de una mujer. Las primeras demandas consistían en la necesidad de que hombres y mujeres pudieran acceder a los mismos derechos -sobre todo el del sufragio- pero las grandes luchas mundiales de las mujeres que se desarrollaron bajo la bandera inicial de alcanzar la igualdad entre los sexos, paulatinamente fueron adquiriendo nuevas demandas según el contexto histórico.


Fue hasta la década de 1950 que el feminismo comenzó a trazar un nuevo camino gracias a las ideas de la filósofa francesa Simone de Beauvoir, quien desde el existencialismo comenzó a explicar una nueva noción sobre el ser mujer. Ella explicó en un libro muy trascendental llamado ""El segundo sexo"" (1949) que las conductas asignadas al género femenino no eran naturales, sino que se creaban a través de la cultura. Esta noción modificó por completo al feminismo, pues a partir de entonces se comenzó a pensar que no bastaba con que las mujeres accedieran a los mismos derechos que los varones, sino que era necesario modificar los rasgos culturales que colocaban a la mujer en una situación de desventaja en la sociedad.


Paulatinamente se visibilizaron los problemas culturales que aquejaban a las mujeres, y también el término ""género"" comenzó a cobrar más y más importancia para las instituciones. Uno de los episodios más importantes para que esto ocurriera sucedió con la Primera Conferencia Internacional sobre la Mujer, que se celebró en México en 1975; en ella por primera ocasión se reunieron los representantes de 133 países con el objetivo de discutir acerca de las condiciones de desigualdad de las mujeres, así como de los mecanismos que se requerían para abatir este problema.

Las resoluciones del evento acordaron un plan de acción para los gobiernos, que se consolidaría con tres conferencias internacionales más: en Copenhague (1980), Nairobi (1985) y Beijing (1990); esta última fue decisiva, pues sentó un precedente avalado por todas las naciones participantes con la Plataforma de Acción de Beijing, que trazó soluciones a problemas concretos que aquejan a la población femenina: pobreza, capacitación, salud, violencia, guerra, economía, participación política, derechos humanos, medios de comunicación y medio ambiente.

El 17 de noviembre de 1999 la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 25 de noviembre como el Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres, e invitó a los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil a colaborar con la implementación de los lineamientos internacionales en torno a este tema que se estipularon en Beijing. Sin embargo, a pesar de que México participó y firmó las convenciones internacionales sobre los derechos de las mujeres, sería hasta 2007 que consolidaría la legislación en materia de violencia de género con la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Si bien los resultados derivados de las políticas públicas son importantes para que las mujeres puedan acceder a las herramientas que les permitan tener un desarrollo pleno, tal como lo enuncia la teoría de género, sin un cambio cultural de fondo su situación de desventaja en todos los ámbitos continuará existiendo. Por eso la celebración anual del Día internacional contra la violencia hacia la mujer es una forma de visibilizar un problema persistente en todas las sociedades, y que en conjunto con leyes, educación e información, contribuye a modificarlo.