Desvaríos imperiales

La era liberal - Hechos

En uno más de sus desvaríos, el emperador estampó su rúbrica sobre el terrible documento. ""Mexicanos: la causa que con tanto valor y constancia sostuvo don Benito Juárez ha sucumbido no sólo a la voluntad nacional, sino ante la misma ley que este caudillo invocaba en apoyo de sus títulos. Hoy, hasta la bandera en que degeneró dicha causa ha quedado abandonada, por la salida de su jefe del territorio patrio"".

Siempre desinformado y manipulado por Aquiles Bazaine -general en jefe del ejército francés en México y el verdadero poder detrás del trono-, Maximiliano decidió aprovechar el rumor de que Juárez había salido del país y se encontraba en Estados Unidos, para expedir la ley del 3 de octubre de 1865, que sin miramientos condenaba a muerte a todos los defensores de la República.

A los ojos del emperador, los republicanos sin Juárez no eran más que forajidos. La nueva ley del archiduque no sólo significaba la muerte para los que continuaran empuñando las armas contra el imperio, sino también para aquellos que apoyaran a los republicanos con pertrechos de guerra, información, alimentos, caballos o cualquier otro tipo de ayuda.

Desde la limitada visión del emperador, los hombres ""honrados"" se habían agrupado ya bajo la bandera del imperio, aceptando ""los principios justos y liberales"" que el propio Maximiliano representaba. Pero existía un grupo de ""jefes descarriados por pasiones que no son patrióticas"" y que, desde luego, no estaban a la altura de ""los principios políticos"".

De golpe y porrazo, el archiduque dividió a la nación en buenos y malos. Los primeros eran los hombres ""honrados"" de la nación, aquellos que  habían conspirado o apoyado para establecer un imperio en México; los segundos, eran los soldados del ejército republicano que defendían su patria pero que, desde la lógica imperial, no eran más que ""gavillas de criminales y bandoleros que incendian pueblos, roban y asesinan ciudadanos pacíficos, míseros ancianos y mujeres indefensas"".

La ley del 3 de octubre hizo correr la sangre inútilmente. Ninguna ley  podía detener la resistencia contra la imposición. Ningún decreto era suficiente para contener a las guerrillas republicanas que luchaban por la segunda independencia. Por si fuera poco, Juárez no había abandonado el país, se encontraba en Paso del Norte y continuaba encabezando la resistencia contra el ejército invasor. A lo largo y ancho del territorio, los focos de resistencia se multiplicaban haciendo imposible la consolidación del imperio.

La ley de Maximiliano recrudeció la violencia y causó gran indignación entre la sociedad. Pocos días después de su entrada en vigor, los generales republicanos José María Arteaga y Carlos Salazar, junto con otros oficiales, cayeron en manos de las fuerzas imperiales y fueron pasados por las armas el 21 de octubre de 1865. Comenzaba el momento más crítico de la resistencia contra el imperio.