Charro mexicano

La era liberal - Vida Cotidiana

Cuando Maximiliano llegó a la ciudad de México en junio de 1864, quiso empaparse con los tipos y costumbres de su nueva patria. Se enamoró del Castillo de Chapultepec o del jardín Borda en Cuernavaca, no tardaría en mandar trazar el Paseo del Emperador -hoy Reforma- pero sobre todo se entusiasmó con la fiesta charra.

Algunos mexicanos de las familias de alcurnia le organizaron un jaripeo en la plaza del Paseo Nuevo. Creyendo que las artes del buen charro venían incluidas con el traje típico, Maximiliano decidió probar suerte y echarse al ruedo para lazar una vaquilla.

El caporal de la hacienda que entregó las bestias para el jaripeo estaba muy nervioso, e intentó guardar las formas utilizando los ""usté perdone"" y los inigualables ""majestá"" que apenas lograba entender el emperador. Como dios le dio a entender, le explicó el procedimiento y Max se dispuso a realizar algunas suertes charras.

La plaza abarrotada aplaudía emocionada cuando salió la vaquilla y como el burro que tocó la flauta, el emperador logró lazarla, pero una vez realizado lo más difícil, se quedó sin saber qué hacer. Asombrada, la concurrencia calló. Sólo alcanzó a escucharse un tremendo grito que provenía del ronco pecho del caporal: ""¡amárrela gringo tarugo que se le suelta la res!"". Fue el debut y despedida de Maximiliano como charro.