Carlos Jiménez Mabarak: 100 años

Música - Personajes

El compositor Carlos Jiménez Mabarak nació el 31 de enero de 1916 y para rendirle un homenaje por el centenario de su nacimiento, la Orquesta y el Coro de Bellas Artes prepararon el montaje de sus dos óperas más importantes: Misa de seis y La Güera; que se presentaron el jueves 30 de junio en la Sala Principal de Bellas Artes, bajo la dirección de Christian Gohmer y el director huésped del coro, John Dany Goodwin.

            Óperas, obras para orquesta sinfónica, música para danza y teatro, Jiménez Mabarak, considerado un “retratista sonoro”, abarcó todos los géneros y exploró las más diversas corrientes, desde la música clásica, pasando por la electrónica y la música para cine; recibió el Premio Nacional de las Artes en 1993 y fue aceptado como miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, en calidad de creador emérito, en 1994, aún así es uno de los músicos menos interpretados de nuestro país.

De la vanguardia al nacionalismo

Luego de una estancia de varios años en Europa, en donde estudió piano, cátedras de análisis y musicología (con Marguerite Wouters y Charles van der Borren) y música dodecafónica, electrónica y concreta, en París (con el maestro René Leibowitz), Mabarak regresó a México, en 1937, con un bagaje que representaba las técnicas musicales más vanguardistas del momento. Es considerado “el padre de la música electrónica en México”.

       Estudió orquestación en el Conservatorio Nacional de Música con Silvestre Revueltas y su obra comenzó a reflejar la transición del nacionalismo a una expresión más abstracta y moderna.

Innovador incomprendido

Cuando estrenó su primera ópera, Misa de seis, en 1962,  en la utilizaba las técnicas que había aprendido en Bélgica –y que apenas comenzaban a estar de moda en Europa-, la obra no fue bien recibida por el público.

       La ópera cuenta la historia de un joven que después de cometer un crimen en un cabaret, en el barrio de Tepito, se refugia en la Iglesia de enfrente, mientras se celebra la misa de las 6 de la mañana. Al parecer tanto la música como el argumento eran demasiado atrevidos para la época.

El mundo de la danza

Siendo alumno del conservatorio, obtuvo un puesto de compositor y acompañante en la Escuela Nacional de Danza. Su primer acercamiento como compositor lo tuvo a través de la bailarina Waldeen Flakestein, para quien compuso El baile de la niña embrujada, pero sus mejores obras las realizó para  Guillermina Bravo, pilar de la danza en México; El paraíso de los ahogados (1960) es una de sus obras más reconocidas.