Cabezas olmecas: un misterio vigente

El siglo de la conquista - Hechos

Estos enormes tiestos de basalto, piedra que se encuentra en yacimientos de algunas zonas cercanas del litoral del Golfo de México, son esculturas monumentales labradas entre el año 1200 y el 400 a.C. y dan cuenta de una cultura fundacional de Mesoamérica: la olmeca, ""los pobladores de la tierra de hule"". Su tema es la cabeza y lo que ella alberga: la inteligencia, la creatividad, la espiritualidad y la naturaleza divina manifiesta en la creación humana, es decir, la cabeza humana como un elemento de conexión con lo sagrado.

Estas obras fueron trabajadas con un patrón matemático denominado por algunos historiadores y arqueólogos como ""sección áurea"", una especie de código estético que armoniza plásticamente la masa y el peso, determinando las proporciones entre las partes que las conforman. Las cabezas están trazadas en un volumen semi-esférico -alusión a lo cósmico-. En todos los casos se trata de rostros humanos con referencias animales, particularmente elementos asociados al jaguar, que se manifiesta en la forma de la boca y en la eventual presencia de colmillos. Cada cabeza porta un casco y, a pesar del parecido entre ellas, fueron dotadas de facciones y gestos particulares.

Según la historiadora Beatriz de la Fuente, las cabezas son retratos de jóvenes gobernantes que se ornamentaron con distintos tocados y orejeras, y se les atribuían fuerzas divinas. La primera de las diecisiete cabezas encontradas hasta 2012, fue descubierta por un campesino en 1853, en el poblado de Hueyapan y la última, hallada en Rancho de Cobata, fue registrada en 1970 por el arqueólogo Francisco Beverido. En su conjunto, estas piezas -10 provenientes de San Lorenzo, 2 de Tres Zapotes, 1 de Cobata, sitios en el estado de Veracruz y 4 de La Venta, en el estado de Tabasco, constituyen el mayor testimonio histórico de una civilización sepultada, la que en pleno siglo XXI continúa conservando un halo de misterio.

Todos los monolitos fueron esculpidos a base de golpes de piedra basáltica, material asociado a los volcanes, los que representaban la morada de los dioses y la entrada al inframundo. Se cree que estas rocas inmensas fueron transportadas a lo largo de 80 km., atravesando ciénagas, selvas y pantanos, lo que significa un gran proceso de organización entre centenares de personas, las que abrazaban una empresa única durante meses, esforzándose por dejar rastro tangible de un sueño en común.

Además del deterioro de algunas de ellas por motivo de la erosion natural, producto del contacto con la humedad, ciertas marcas en las cabezas parecen generadas por voluntades iconoclastas, provenientes de los propios olmecas, que pueden interpretarse como señales de una demolición ritual, aunadas a su sepultura deliberada que, en la lógica de las genealogías antiguas, significa enterrar al pasado, devolverlo a las fuerzas de la tierra. Ese hecho ha sido interpretado por algunos arqueólogos como signo de cambios de gobierno, aunque para otros, las gigantescas cabezas pudieron ser originalmente altares, monumentos tanáticos, fragmentos de un trono, o bien, representaciones de deidades, guerreros, líderes, jugadores de pelota, híbridos divinos del hombre y el jaguar, registro de decapitaciones, referentes astronómicos o manifestaciones de deseos de eternidad. Lo cierto es que no fueron hechas con intenciones puramente estéticas.

 

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http://youtu.be/KHxQOMKTVf4