Baños de ácido: Jorge Ibargüengoitia

Literatura

¿Qué tan solemne es nuestra literatura? Una pregunta como esta exige calma, pero digamos que mucho menos ahora que antes, y que eso se lo debemos en buena medida a Jorge Ibargüengoitia, un grandísimo narrador nacido en Guanajuato en 1928 y muerto, demasiado pronto, en 1982, en un accidente de avión, luego de haber sacudido la narrativa nacional con una ironía de miedo, de haberle dado un baño de ácido a la clase política y de haber puesto la historia oficial patas pa’rriba.

Ibargüengoitia dejó una cantidad ingente de textos periodísticos, teatro -su vocación original-, tres volúmenes de cuentos y, sobre todo, seis novelas, dos de las cuales, Los relámpagos de agosto y Los pasos de López, recrean los momentos históricos fundacionales de México: la Revolución y la Independencia, respectivamente.

Los relámpagos de agosto podría ser vista como una versión satírica de la obra de Martín Luis Guzmán. El guanajuatense, como el autor de El águila y la serpiente y La sombra del caudillo, se desconecta del relato popular de la bola, en la línea de Mariano Azuela o Rafael F. Muñoz, y hace un retrato de ""los de arriba"". El ojo ibargüengoitiano se concentra en la casta de generales que se disputan marrullera o violentamente el poder en un México. El resultado es adictivo.

Para Guzmán la casta gobernante de la revuelta es digna a veces de un retrato agudo y despiadado -caso de Obregón o Carranza-, a veces de un miedo reverencial, a veces de un miedo no exento de afecto -es lo que pasa con Villa-.

De la mano de Ibargüengoitia, el más británico de nuestros narradores, los generalotes que forjaron patria, la gran familia revolucionaria, rebautizada en la novela pero perfectamente identificable, baja a nivel de piso y asume la dimensión grotesca y zafia que merecía. El resultado, una pequeña obra maestra que representa, sin duda, la transformación de nuestra literatura, pero quizá, sobre todo, la transformación de nuestras relaciones con el poder.