Artemio del Valle Arizpe, escritor e historiador ejemplar

Literatura

La extensa obra de don Artemio Del Valle Arizpe (Saltillo, Coahuila, enero de 1884- Ciudad de México, noviembre  de 1961) es un notable ejemplo de versatilidad literaria en la escritura de la historia. No sólo los temas que trató el famoso cronista de la ciudad de México son un ejemplo de ello, sino también lo es el estilo de su prosa, que bien podía estar escrita en docto lenguaje al más puro estilo académico como volver en el tiempo y utilizar el español antiguo. Pero esta característica no hace complicada la lectura, más bien por el contrario, otorga un valor extra a la experiencia de conocer sobre el acontecer de siglos atrás.

Con un amplio bagaje cultural de todas las épocas históricas, alimentado por la lectura constante y la búsqueda de información en archivos y documentos antiguos, don Artemio manifestó una preferencia por los temas coloniales. Él mismo expresó que cuando comenzó a escribir sus historias el país atravesaba por un periodo terrible en los tiempos de la Revolución Mexicana, y relatar anécdotas virreinales fue una especie de evasión personal ante el duro ambiente de la época. Por eso viajó a otros siglos mediante la escritura con tal de no sufrir ante los problemas sociales y políticos del país.

  Su obra se caracteriza tanto por la amenidad como por la meticulosidad narrativa. Los paisajes, edificios, jardines, calles e incluso sonidos son descritos con gran fidelidad, por lo que el lector de su obra obtiene un panorama muy vívido del pasado. También se ocupó de describir a muchos personajes, como La Güera Rodríguez, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano y Fray Servando Teresa de Mier.

La elevada producción literaria, ensayística y periodística de don Artemio y sobre todo la contribución en la difusión histórica de la noble y leal ciudad de México en la época virreinal, lo llevó a ser nombrado su cronista oficial en 1942. Fue también diplomático en España, Bélgica y Holanda; miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, secretario de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y miembro de las Academias de la Historia de Colombia y Ecuador.

Sin duda leer la obra de Don Artemio es un deleite. Te invitamos a que te acerques algunos de los libros que componen la vasta obra de uno de los pilares de la literatura y la historia nacional:

Vidas milagrosas (1921); Doña Leonor de Cáceres y Acevedo y Cosas tenedes (1922); La muy noble y leal ciudad de México, según relatos de antaño y ogaño (1924); Del tiempo pasado (1932); Amores y picardías (1932); Virreyes y virreinas de la Nueva España (1933); Libro de estampas (1934); Historias de vivos y muertos, (1936); El Palacio Nacional de México, (1936); Tres nichos de un retablo (1936); Por la vieja Calzada de Tlacopan (1937); Lirios de Flandes (1938); Historia de la ciudad de México, según relatos de sus cronistas (1939); Cuentos del México antiguo (1939); Andanzas de Hernán Cortés y otros excesos (1940); El Canillitas (novela de burlas y donaires) (1941); Notas de platería (1941); Leyendas mexicanas (1943); Cuadros de México (1943); Jardinillo seráfico (1944); La movible inquietud (1945); Amor que cayó en castigo (1945); En México y en otros siglos (1948); La Lotería en México (1948); La Güera Rodríguez (1949); Calle vieja y calle nueva (1949); Espejo del tiempo (1951;) Lejanías entre brumas (1951); Sala de tapices (1951); Fray Servando (1951); Coro de sombras (1951); Inquisición y crímenes (1952); Piedras viejas bajo el sol (1952); Juego de cartas (1953); Personajes de historia y leyenda (1953); De la Nueva España (1954); Papeles amarillentos (1954); Horizontes iluminados (1954); Engañar con la verdad (novela) (1955); Deleite para indiscretos (1955); Cuando había virreyes (1956); Gregorio López, hijo de Felipe II (1957); Historia, tradiciones y leyendas de las calles de México (1959); Santiago (1959); Memorias (1960).