El arte gráfico de las Olimpiadas de México 68.

Artes Visuales

El 16 de octubre de 1963 el Comité Olímpico Internacional le concedió a México la organización de la XIX edición de los Juegos Olímpicos de la era moderna. Ésta fue una decisión inédita pues por primera ocasión un país latinoamericano sería la sede de la gesta deportiva internacional más importante del mundo. También era una oportunidad mediática privilegiada para mostrarle al mundo la capacidad económica de la región, y para el gobierno mexicano era una demostración de que la comunidad internacional depositaba su confianza en un país que había alcanzado un alto grado de desarrollo.

Dos años después el presidente Gustavo Díaz Ordaz designó a Adolfo López Mateos como el presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos, pero por cuestiones de salud éste tuvo que renunciar y fue sustituido por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Los preparativos para la celebración de las Olimpiadas dieron inicio pronto, y se planteó un gran proyecto que incluía la construcción de un estadio olímpico, villas de residencia temporal para los atletas y el embellecimiento de la ciudad. Además de los eventos deportivos, también se programó un amplio programa cultural para mostrarle al mundo algunas facetas de la cultura mexicana.

La imagen de los juegos se consideró fundamental para las Olimpiadas, pues era un elemento que mostraría la vanguardia y la modernidad que los organizadores anhelaban exhibir. Tras analizar el asunto el presidente del Comité contactó a su colega, el arquitecto Eduardo Terrazas quien residía en Nueva York, y éste le recomendó el trabajo del diseñador Lance Wyman que en aquel entonces trabajaba para el afamado arquitecto y diseñador industrial George Nelson.

La gráfica que Wyman creó para las Olimpiadas fue muy llamativa, sobre todo por sus diseños geométricos con líneas consecutivas y patrones que creaban efectos visuales, en boga en la época con el auge del ""Op art""; también incluyó imágenes con figuras simples en tonos brillantes, inspirado en la colorografía del folclor mexicano. Wyman creó señalización urbana, mapas, publicidad y algunos objetos como los famosos timbres postales de las Olimpiadas. Incluso los uniformes de las edecanes fueron sumamente modernos: vestidos en línea recta que llegaban arriba de la rodilla.

El arte gráfico de México 68 fue un concepto integral creado con el fin de mostrar una imagen vanguardista que, además, serviría para orientar a los visitantes extranjeros mediante símbolos y pictogramas. Así la Ciudad de México, una de las urbes más grandes y con mayores conflictos de traslado y ubicación, se mostró más amable hacia el turista mediante estos símbolos, tan eficaces que sentaron la base gráfica para la creación de los logotipos de las estaciones del Sistema Colectivo Metro algunos años después.

Aunque en términos mediáticos las Olimpiadas fueron el evento internacional más importante del México contemporáneo, los problemas sociopolíticos del país se hicieron presentes y fueron un contexto ineludible. También el arte gráfico fue objeto de las manifestaciones de protesta, pues en la ciudad aparecieron profusamente intervenciones urbanas que se inspiraron en la imagen oficial de México 68. Con una gran creatividad se modificaron los símbolos oficiales y por la ciudad podían verse imágenes como la paloma de la paz atravesada por una daga ensangrentada, manifestantes golpeados por policías y pictogramas de botas, cascos y uniformes del ejército. Fueron imágenes con un gran contenido simbólico y social, que incluso el propio Wyman consideró sumamente valiosas por su significado histórico y su alto valor gráfico añadido.

Después de este evento deportivo Lance Wyman fue llamado para realizar otros trabajos en México, y colaboró en distintos proyectos: la imagen de los hoteles Camino Real en colaboración con Luis Barragán, Matías Goeritz y Ricardo Legorreta; las señalizaciones de las primeras líneas del Sistema de Transporte Colectivo Metro y el diseño gráfico del Museo del Papalote.

La gráfica de las Olimpiadas de México 68 es reconocida como un hito en la historia del diseño en México, pues la enorme atención en la imagen contribuyó con la fundación y desarrollo de escuelas especializadas en esta disciplina en nuestro país.