Mendoza, Antonio de

La Nueva España - Personajes

Antonio de Mendoza, 1er. Virrey

14 de noviembre de 1535 — 25 de noviembre de 1550

 

La Nueva España vivió un largo y desolador período de anarquía y de terror mientras estuvo gobernada por los jueces que sometieron a juicio de residencia a Hernán Cortés. La situación empeoró cuando el rey de España, Carlos I, autorizó que una audiencia, encabezada por Nuño Beltrán de Guzmán, gobernara la Nueva España, la cual cometió terribles excesos contra la población. A la segunda audiencia no le fue mejor, aunque logró solucionar los problemas de abuso de poder y corrupción.

 

El emperador comprendió entonces que necesitaba, para el buen gobierno de la Nueva España, hacer sentir su presencia real y el poder de su majestad, por lo que dispuso la institución del virreinato, forma de gobierno que estaría a cargo de un ""virrey"", personaje que representaba al rey, que era ""su otro yo"", y qué como si fuera el propio soberano, haría posible que se cumpliera la obligación divina que los reyes de España tenían impuesta conforme a su tradición: ""mantener en justicia al pueblo"".

 

El primer virrey fue Antonio de Mendoza, hombre culto, moderado, honesto y con mucho sentido común. Sus méritos anteriores en servicio del rey lo hacían altamente recomendable para ocupar el cargo y viajó a América con instrucciones precisas: debía velar por el culto católico, mantener la inmunidad religiosa, respetar a los obispos y sacerdotes, atender a la conversión de los indios, repartir la tierra entre los conquistadores, cuidar el trato que los indios recibían en las encomiendas, además de ejecutar todas aquellas cosas que considerase necesario para el bienestar del reino.

 

Mendoza cumplió con creces. Además apoyó al obispo de México, fray Juan de Zumárraga, en sus peticiones para traer a la Nueva España la primera imprenta del continente, además de que contribuyó con su influencia a la apertura de la Universidad; fundó la casa de moneda y apoyó la creación del colegio de la Santa Cruz en Tlaltelolco, para indios caciques.

 

El virrey Mendoza también se preocupó por la expansión geográfica de la Nueva España y alentó la realización de expediciones hacia el mar del Sur, como se llamaba entonces el océano Pacífico. Tras quince años de servicios distinguidos como virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza fue premiado por su monarca, al ser promovido al virreinato del Perú, en aquellos tiempo mucho más rico que el de México.

 

Fuente: Alejandro Rosas, José Manuel Villalpando, Historia de México a través de sus gobernantes, México, Planeta, 2003.