¡Ah qué payasos!

Artes Escénicas

Irrumpía el payaso

como una estridencia

ambigua, y era a un tiempo

manicomio, niñez, golpe contuso

pesadilla y licencia

 Ramón López Velarde ""Memorias del circo""

Caras de grotescas sonrisas maquilladas, narices rojas, enormes zapatos, vestuario colorido, torpeza recurrente: los payasos, pueden a la vez divertir, perturbar o cuestionar en un espectáculo que se convierte en un distorsionado espejo donde los defectos del ser humano son los protagonistas. Para Darío Fo ""los payasos al igual que los juglares y los graciosos españoles trataron siempre el mismo problema: el hambre: hambre de comida, hambre de sexo, pero también hambre de dignidad, de identidad, hambre de poder...""  

El nacimiento de este personaje se remonta a cuatro mil años en el antiguo imperio chino. En la época del emperador Chui Shih Huang -recordado por mandar construir la Gran Muralla China-, existió un bufón llamado Yusze; si las sonrisas abren puertas, provocar la risa le da al payaso el privilegio de burlarse incluso del rey y hacerle sugerencias. Yusze fue considerado un héroe nacional por convencer al emperador de no pintar la muralla, hecho que hubiera significado el sacrificio de cientos de personas que habían sobrevivido ya a la construcción en donde muchas vidas se perdieron. Nacido en el siglo XVIII, Giuseppe Grimaldi es considerado el padre de los payasos modernos, pues institucionalizó el uso de la cara blanca, además de actor, fue músico, acróbata y bailarín. Para 1840 William F. Wallet crea al ""payaso shakesperiano"". Su poca habilidad para la acrobacia y el dominio corporal lo llevó a basar sus espectáculos en un humor más verbal, recurriendo al juego de palabras. 

En México el payaso más famoso del siglo XIX fue José Soledad Aycardo del Circo Olímpico, quien además de dominar las suertes ecuestres, era titiritero y acróbata. En 1889 llegó a México la Troupe Inglesa Bell. El payaso Jack Bell presentaba a sus hijos especialistas en acrobacia ecuestre: James, Henry, Elisa y Ricardo. Este último se convertiría años más tarde en el mejor payaso mexicano y en una figura atípica que revolucionaria la forma de trabajar de los payasos en nuestro país. Ricardo Bell era un hombre reconocido y respetado; con maquillaje y sin él, supo integrarse en el limitado círculo de la sociedad porfirista, le imprimió un carácter refinado a su personaje que bien podía contar chistes, tener largos y reflexivos monólogos o tocar música con una cafetera o con instrumentos como la ocarina. Fue el primero en  acompañarse de un patiño: Florentino Carbajal ""El enano Pirriplín"".