Agua para la capital novohispana

La Nueva España - Hechos

Desde su fundación, la capital de la Nueva España recibía agua potable de la misma fuente utilizada durante años por los aztecas. Provenía de Chapultepec y llegaba a la ciudad por el lado de San Cosme. En 1527 el agua recibida ya era insuficiente para la ciudad de México. Churubusco y Coyoacán presentaban alternativas viables pero la pureza del agua de Santa Fe, convenció a las autoridades virreinales de explotar esa fuente. Hacia 1576, la capital de la Nueva España disfrutaba de aguas más puras y cristalinas que las de Chapultepec y para mejorar el abastecimiento en 1620 se terminó un acueducto de novecientos arcos, llamado de San Cosme, en cuya parte superior corría el agua de Santa Fe y en su nivel inferior la de Chapultepec.

El otro gran acueducto colonial fue el de Belem. Se terminó de construir en el 20 de marzo de 1779 y también transportaba el agua desde el ""cerro del chapulín"". Era una construcción de novecientos cuatro arcos que terminaba en el Salto del Agua. Al igual que los aztecas, los españoles decidieron depender de una sola fuente para el abastecimiento de aguas. El México independiente lo pagaría. La sobreexplotación de los recursos acuíferos de Chapultepec marcó su destino: hacia finales del siglo XIX la noble fuente no dio una gota más.

No todos los canales o acequias fueron cerrados por los españoles. Reconocían su utilidad práctica sobre todo para el transporte de mercancías -legumbres, frutas, flores, pastura y zacate- que los indios solían introducir a la ciudad. Algunos canales fueron cercados y utilizados como fosos de abastecimiento para casas, jardines, conventos y palacios, otros corrían por debajo de las nuevas construcciones. Con el tiempo las acequias quedarían en los suburbios de la ciudad y posteriormente alejados defintitivamente de ella, para convertirse en lugares de esparcimiento y recreación como Xochimilco.

Al menos hasta la segunda mitad del siglo XVIII siete acequias recorrían la ciudad de México paralelamente a las calles empedradas. Echaban sus aguas en el lago de Texcoco que por las mañanas levantaba sus compuertas para hacer el desagüe de la ciudad y después de permanecer un tiempo elevadas, eran cerradas para evitar que ingresaran las aguas por el viento del norte que solía soplar muy fuerte.

Dos acequias eran las más importantes: la Real y la de Mexicaltzingo. En sus aguas el comercio de los pueblos indígenas del sur -Iztacalco, Chalco y Xochimilco- era activísimo. La acequia Real pasaba a un lado del palacio virreinal (hoy Corregidora) y se extendía por lo que actualmente es la calle de 16 de septiembre hasta San Juan de Letrán (Eje central). Logró sobrevivir hasta 1791 año en que fue cegada en la parte que ingresaba al centro de la ciudad.

No obstante su importancia comercial, las acequias distaban mucho de la limpieza y hermosura que tuvieron durante la época prehispánica. Durante la Colonia, el crecimiento de la ciudad y la concentración de la población crearon severos contrastes.

Mientras el canal de la Viga, conectado con estas acequias, corría entre los pueblecitos pintorescos alegre gozoso en medio de hermosos campos sembrados de flores y legumbres, al penetrar a la ciudad todas aquellas pequeñas embarcaciones ocultaban las aguas pesadas, negras y cenagosas, que hacían difícil la navegación y envenenaban el aire con sus pestilentes miasmas; los residuos de los caños de las habitaciones grandes y pequeñas, la multitud de desperdicios, hojas, cascaras de fruta, la basura y los animales muertos contrbuían al continuo azolve de las acequias, que fuera de las horas en que se veían cubiertas por las canoas, presentaban el aspecto más asqueroso y repugnante y el foco más propicio de enfermedades y de epidemias que reinaron en la Nueva España.

""Y sin embargo, -escribiría Luis González Obregón- por esas aguas recibieron nuestros abuelos las legumbres que se vendían en el mercado de la Merced. Al pie de las escalinatas de los portales que bajaban a las acequias nuestros abuelos compraban las rosas aromáticas y las dulces frutas, productos de los jardines y chinampas de los pueblecillos meridionales del valle de México"".

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