A río revuelto: Rafael Iriarte

Aires libertarios - Hechos

""…pero el festín fue interrumpido por la gente armada de Iriarte, al mismo tiempo que otros de los suyos tomaban la artillería y se hacían  dueños de la ciudad, que fue entregada al saqueo"".  Lucas Alamán

Antes de que Miguel Hidalgo se levantara en armas con el grito de Dolores, Rafael Iriarte (1772-1811) pertenecía a las fuerzas realistas establecidas en San Luis Potosí, comandadas por Félix María Calleja.

Caracterizado por ser indisciplinado y revoltoso, al estallar la revolución se adhirió al movimiento insurgente. Se presentó como coronel y comisionado de Hidalgo y en pocos días logró engrosar las filas de la insurgencia. En Aguascalientes reforzó su posición uniéndosele los Dragones de Nueva Galicia. Tomó Zacatecas con ayuda de José María Cos, a quien convenció para que se uniera a las filas insurgentes; expulsó a los españoles y se hizo cargo personalmente de la organización civil y militar.

Mientras Allende pasaba dificultades en Guanajuato, e Hidalgo las padecía en Guadalajara, Rafael Iriarte se encontraba en San Luis Potosí ocupado en tomar como prisionera a la esposa de Calleja. Allende insistía a Iriarte le enviara refuerzos para defenderse de Calleja, quien ya había recuperado Celaya.

Cuando Iriarte emprendió el camino hacia Guanajuato era demasiado tarde: se encontró en Zacatecas con las fuerzas de Allende que venían en retirada. Se puso entonces en marcha para encontrarse con Hidalgo, pero antes tenía un asunto que resolver, pasar a la ciudad de Aguascalientes para hacer entrega de la esposa de Calleja. Ilesa y en poder de todas sus alhajas, la mujer fue puesta en libertad.

Después de su derrota en Puente de Calderón, Hidalgo pasó por Aguascalientes donde se le unió Iriarte con sus 1500 hombres y 500 mil pesos en caudales. En la Hacienda de Pabellón -donde Hidalgo fue despojado del mando-, Allende con justificada razón miró a Iriarte con desconfianza. Durante la emboscada en Acatita de Baján, sospechosamente, Iriarte no fue tomado prisionero. Se retiró a Saltillo donde fue fusilado por órdenes de Ignacio López Rayón.

Los cargos eran evidentes: malversación de fondos, abandono del ejército, desobediencia a sus superiores, no haber auxiliado a Allende en Guanajuato ni a Hidalgo en Guadalajara, y especialmente, haber tenido deferencias para la esposa de Calleja, razones suficientes para considerar que Iriarte había traicionado la causa de la independencia.

Fuente: Molina Arceo, Sandra, 101 villanos en la historia de México, Grijalbo, 2008.