El pop ochentero en México

La época de las crisis - Vida Cotidiana

Al ritmo de la canción en el videoclip Do you really want to hurt me?, un personaje singular hacía su aparición en la escena musical del año 1983: con un look travesti y el rostro totalmente maquillado, de cejas dibujadas y labios pintados de corazón, el inglés Boy George, representaba uno de los tópicos de la época: el gusto por verse diferente de lo que se es, por el artilugio y por quitarle lo solemne a la vida.

Nadie dudaba que el cantante era (es) gay, pero por entonces era un tema que no se hablaba en voz alta, a pesar de que este mismo año, el mundo se topó con la epidemia de una enfermedad entonces apenas conocida, pero letal, que sacudió de golpe a la humanidad, transformando la vida cotidiana y en particular la sexualidad: el SIDA y en la que la comunidad homosexual se vio involucrada.

En ese mundo de las apariencias, tenía perfecta cabida un hombre que usara largas trenzas, al modo de Bo Derek en la película 10, la mujer perfecta  (1979); que vistiera enormes gabardinas y camisolas de colores, que cantará cosas como Karma Chameleon donde la idea de la ambivalencia y el camuflaje, eran evidentes.

Por cierto que la cantante mexicana Yuri hizo el cover de esta canción en 1984. Parece que dominaba entonces cierta desesperación y conflicto de identidad en el medio artístico nacional que se esforzaba por mal copiar -y además, con pésima calidad- los éxitos pop británicos y estadounidenses.

Así, mientras Michael Jackson deslumbraba al mundo con su guante de brillantes y su paso lunar, en México se hacían concursos de jóvenes que lo imitaban en aspecto y en baile.

Cuando Madonna comenzó a triunfar con la canción Lucky Star (""You must be my lucky star/cause you make the darkness seem so far"": después de todo, sí había futuro), las chicas nos liberamos del estrés de carecer de joyas de valor que lucir para sustituirlas por la bisutería, los moños de tela y una coquetería exaltada en el maquillaje barato.

Una moda que a los mexicanos nos vino como anillo al dedo, acostumbrados ya a sobrevivir la crisis económica y a abusar del ingenio para cubrir la falta de recursos con fayuca y ropa pirata más barata y de mejor calidad que los productos nacionales.

La cultura pop de los ochenta, efectivamente parecía anular las diferencias entre los ricos y la clase media. Las marcas de moda más famosas empezaron a producir ropa y accesorios de bajo costo, accesible a casi cualquiera con un mínimo de poder adquisitivo. Fue una moda que nos permitió camuflar lo que éramos para desaparecer en un mundo en el que todos aspiran a verse iguales.