Un caudillo, un asesinato y varios mitos

La reconstrucción - Hechos

Cuántas y cuántas cosas se han dicho sobre la muerte del general sonorense Álvaro Obregón acaecida el 17 de julio de 1928. Muchas de ellas de tanto repetirse se han vuelto verdades a la fuerza.

Que si el presidente Calles fue quien lo mandó matar, pues esa era la única forma de poder llegar a ser el hombre máximo del país; que si se trató de un complot contra su vida organizado por la iglesia católica mexicana y algunas otras ligas religiosas del mundo como la de Boston; que la pistola con que fue asesinado, fue bendecida por la madre Conchita, confesora espiritual del asesino material, José de León Toral.

Que si se trató de un crimen organizado por diversas agrupaciones sindicales, entre ellas la CROM de México, que encabezaba Luis N. Morones y la de la unión de mineros de carbón de Inglaterra; que si el día de su asesinato, Obregón presintió su muerte, y que así lo comentó a sus ayudantes de camino al restaurante la Bombilla en San Ángel.

Que si su cara cayó dentro del plato de mole que comía cuando lo balacearon; que inmediatamente después del atentado fue llevado a su casa y lo sentaron en un sillón para que terminara de morir en lugar de llevarlo a algún hospital cercano; que si la autopsia (apócrifa por cierto) da cuenta que el cuerpo tenía trece orificios, siete de entrada y seis de salida y de diferentes calibres; que si uno de los doctores que lo atendió fue un dentista guanajuatense, que coincidentemente fue el abuelo de uno de los miembros de la campaña del candidato Luis Donaldo Colosio, igualmente asesinado.

Lo cierto es que mucho de lo anteriormente descrito va más allá de comprobaciones reales a través de documentos. Más bien se trata de mitos urbanos, que por mucho tiempo se han dejado crecer hasta convertirlos en verdades relativas. A partir de ello se han hecho novelas, cuentos, canciones, telehistorias, obras de teatro, que sugieren alguno que otro de estos infundios históricos.

Sin embargo, la verdad sea dicha, no existe un esclarecimiento real de los hechos. Lo que si es verdad es que después del magnicidio, el país cambió por completo. El Estado moderno mexicano se institucionalizó. Como lo señaló el presidente Calles durante su último informe presidencial, la nación dejaba a tras el tiempo de los caudillos para dar pie a las instituciones. Se creó el PNR que con el tiempo se trasformó en el PRI y muchos de los objetivos revolucionarios, sobre todo los básicos (salud, vivienda y educación) plasmados en la Constitución de 1917 comenzaron a materializarse.

Por lo menos todo ello a la luz de la letra. En los hechos, como cualquier sistema político, se gastó y se pervirtió, creándose como lo señaló el literato peruano Mario Vargas Llosa, México se convirtió en una ""dictadura perfecta"".

*A mi hijo Carlos que nació en esta misma fecha muchos años después.