Mucho más que poesía : sor Juana Inés de la Cruz

Artes Escénicas

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació en San Miguel Nepantla un 12 de noviembre de 1651. Poseedora de una aguda inteligencia, naturaleza transgresora y un espíritu impetuoso, desde muy joven exigió su derecho a la educación y a la libertad personal, intelectual y creativa. A pesar de que su obra poética es la más conocida; dedicó gran parte de su esfuerzo a escribir teatro y autos sacramentales.

    Los autos sacramentales, también llamados misterios; eran piezas teatrales religiosas muy comunes entre los siglos XVI y XVIII. De estos últimos se tiene registro de El divino Narciso auto mitológico sacramental, El mártir de Sacramento, San Hermenegildo auto hagiográfico sacramental y El cetro de José, auto bíblico-sacramental.

    Para Guillermo Schmidhuber en su ensayo La primera dramaturga en la lengua moderna, sor Juana Inés de la Cruz, ""El corpus de sor Juana Inés de la Cruz consta de un mayor número de obras dramáticas de lo que parecen apuntar algunos estudios, que la proponen como una consumada poeta que escribió teatro de ocasión. La autora escribió más líneas de teatro que de poesía, por lo que concluimos que al menos en lo cuantitativo, sor Juana fue más dramaturga que poeta...""

    Los empeños de una casa estrenada el 4 de octubre de 1683 y Amor es más laberinto, representada el 11 de enero de 1689 son sus obras teatrales más conocidas; se le atribuye también La segunda Celestina en coautoría con Agustín de Salazar y Torres.

    Los empeños de una casa fue escrita para celebrar el nacimiento del hijo de los que fueron virreyes de la Nueva España de 1680 a 1686: Tomás de la Cerda y Aragón y su esposa Luisa Manrique, acontecimiento que incluyó un extenso programa cultural que enmarcaba el gran festejo una época antes de que las actividades teatrales y culturales se concentraran en el Coliseo de México.

    Al escribir, montar, editar y hacer públicas sus llamadas comedias de falda y empeño, siendo mujer y religiosa, sor Juana se antepuso a las estrictas leyes novohispanas y a personajes como el arzobispo Aguiar y Seijas, gran detractor del teatro, quien había prohibido llevar a la imprenta comedias durante su periodo pastoral. Las representaciones teatrales eran permitidas con cierto recelo al interior de las instituciones religiosas, pero el hecho de llevarlas a la representación fuera de los muros parroquiales se volvía un acto inadmisible y pecaminoso.