Los últimos años de Diego Rivera

Artes Visuales

Parte aguas del arte internacional, excéntrico, malhumorado, contradictorio, amante, enamorado y comunista. No podemos negar por ningún motivo que gracias al muralista Diego Rivera, cambió radicalmente la visión a nivel internacional del arte mexicano.

De vuelta en México, después de pasar varios años radicando en Estados Unidos junto con su esposa Frida, el muralismo quedaba atrás y se prestaba atención a nuevas distracciones como el cine. Con esto Diego y Frida se encerraban a trabajar más en caballete; cada uno en su respectiva casa, ubicadas una junto a la otra en la colonia San Ángel Inn, proyecto del joven arquitecto Juan O´Gorman.

Diego terminó siendo amante de la propia hermana de Frida. Tal vez fuera por el continuo contacto con ella,  siendo que ésta pasaba largos ratos en casa de su hermana  o tal vez fuera la fuerte atracción que sentía Diego hacia las mujeres. Lo que es un hecho es que este evento lastimó profundamente a la pintora, quien decidió separarse de él por un período de casi un año. Durante este tiempo Diego fue muy infeliz, se le notaba deprimido y necesitado de ella a pesar de que ambos tuvieron varios amantes. Volvieron a estar juntos por un lazo genuino de amor y dependencia.

Esta amarga experiencia parece que fue insuficiente  ya que en 1939, se divorciaron legalmente al saberse que Frida mantenía una relación pasional con Leon Trotsky, mismo que Diego había traído al país al ser expulsado de Noruega. Por razones de política y arte, ambos mantenían una relación estrecha y cordial hasta que Diego decide mudarse a San Francisco, dejándola sola en medio de su sufrimiento y dolores físicos insoportables. Nuevamente ella se mudó con él e incluso volvieron a casarse en 1940.

Frida estaba llegando al final de su corta vida, pasaba meses hospitalizada, trabajaba poco en casa y pasaba la mayoría del tiempo en cama con una pierna amputada. En cambio Diego seguía trabajando arduamente en diversos proyectos, murales y la obra arquitectónica para su colección de arte prehispánico. En 1954 asistieron juntos a una manifestación política y a los pocos días ella muere en su Casa Azul. El ahora solitario Diego fue readmitido en el partido comunista mexicano del que había sido expulsado durante muchos años. Esto sería su última gran satisfacción.

Tras ser diagnosticado con cáncer, rápidamente el cuerpo de Diego se deteriora a pesar de varias operaciones e intentos por curarse, sumado a esto se encuentra muy afectado económicamente al grado de la miseria. En estas condiciones muere en su casa-estudio debido a un ataque cardíaco el 24 de noviembre de 1957 a los 70 años de edad, le quedaron tres hijas y su negociadora de arte con la que se había casado. Su último deseo: que sus cenizas descansaran a lado de Frida en la Casa Azul pero el gobierno había tomado la decisión de colocarlas en la Rotonda de los Hombres Ilustres.