¿Recuerdan los tortibonos?

La época de las crisis - Hechos

 Por sí solo, el nombre resulta absurdo, una burla del capitalismo salvaje: ""tor-ti-bo-nos"", mala palabra resultado de acortar ""tortilla"" y agregar ""bonos"". ¿Cómo en la bolsa de valores? Se pregunta algún despistado; ¿con cuántos de esos me vuelvo accionista principal?, inquiere algún gracioso.

Pero no, no se trataba de bonos de alto valor sino, simplemente, de un cupón con un costo mínimo (altamente subsidiado) otorgado a determinadas familias -se supone en alto grado de pobreza- para ser intercambiado por un kilo de tortilla en las tiendas conasupo, las lecherías Liconsa y otras tiendas departamentales.

A lo largo del siglo XX, los gobiernos implementaron diferentes programas de atención a la pobreza, en los que el tema de la alimentación era prioritario. Ya desde la década de los treinta, la Secretaría de Educación Pública había instituido los desayunos escolares, bajo la consigna de que un niño bien alimentado obtendría al final del día un mejor aprendizaje y desempeño.

En las siguientes décadas, los programas de combate a la pobreza, de carácter más bien asistencial, proliferaron. México se tardó mucho en entender que el secreto no estaba en regalar los recursos, pero eran acciones que a los gobernantes les redituaba en electores seguros: es famoso el recurso de ""chesco y torta"" para llevar acarreados a un evento político, regalar playeras con los logos de los partidos o, incluso, un simple cupón para adquirir tortillas.

En 1986 Diconsa distribuyó 128 mil toneladas de tortillas bajo el esquema del tortibono; en1988 triplicó el monto y benefició a más de un millón de familias. Pero, el subsidio ejercido fue de 100 mil millones de (viejos) pesos.

Los programas, mal planteados de origen, eran aprovechados por los burócratas corruptos. En el caso de los tortibonos, se las ingeniaban para desviar y acaparar los cupones, por lo que el beneficiario original quedaba en el olvido; es decir, aquel que ganaba menos de dos salarios mínimos mensuales. Además, las familias beneficiadas debían pertenecer a determinadas organizaciones, lo cual se prestó a su vez a otro tipo de abusos.

Con intenciones de modernizar la distribución del alimento, en 1990 el tortibono mutó en tarjeta magnética y lo administraba directamente conasupo.

Para entonces el neoliberalismo marcaba el pasó de la vida nacional y el programa se canceló. Mas no porque se considerara ineficiente, costoso o inútil, ni por su poca aportación a la mejora nutricional, sino porque la administración salinista vio en ese mecanismo una ""competencia desleal"" para el comercio privado.

Como en otros casos, en el salinato fue la iniciativa privada la que influyó en forma definitiva en las políticas públicas. A ver si ya aprendemos algo.