Los hombres del presidente

La estabilidad - Hechos

La caravana de seis automóviles Cadillac se detuvo a un lado del camino. En ella viajaban camareros uniformados, barberos, un cocinero, el valet, tres sirvientas, un masajista y un armero. El séquito se apeó y descargó una serie de baúles y petacas. Diligente y silenciosa, en un abrir y cerrar de ojos la servidumbre montó las tiendas de campaña, un puesto de práctica de tiro al blanco y una mesa con manteles largos. 

    En unos minutos, el cocinero preparó un banquete donde el caviar, la langostas, las ostras y la champaña, eran parte del menú. Esta escena se desarrolla en algún paraje cercano al lago de Pátzcuaro, pero podía repetirse en cualquier lugar del mundo. Kenia, por ejemplo, o un rincón de la sabana africana, donde Jorge Pasquel, uno de los hombres más cercanos al presidente Miguel Alemán (1946-1952), solía practicar la cacería, su deporte favorito. 

    ""El hombre que tenía delante era demasiado atractivo. Un varón alto, atlético y de tez morena. De rostro cuyos rasgos tenían un aire de arrogancia irresistible. se mostraba elocuente y seguro de sí mismo. Su presencia toda daba testimonio exacto tanto de su posición como de su riqueza personal. Mientras levantaba su copa de champaña, pensé que hasta su mano parecía elegante"". 

    No, no es un capítulo de novela de Corín Tellado, sino la descripción que de él hace la actriz Emilia Guiu en sus memorias. Se decía amante del millonario a quien admiraba no por su dinero, afirmaba, sino por su cultura... Tampoco parecía atraerle demasiado el yate Sotavento -y que después Pasquel regaló a Alemán- con el que recorrían la bahía de Acapulco, ni los aviones de su propiedad, ni el equipo de beisbol ni los muchos negocios que el magnate detentaba. 

    Por él, la Guiu conoció al presidente. Dice que rechazó las propuestas del político no por lo indecorosas, sino porque Pasquel la ofreció el hombre más poderoso de México como quien presenta una pieza de su propiedad. No es gratuito el gusto por la cacería: es el poder sobre la vida y la muerte del otro. Mujeres, yates, aviones, viajes al extranjero, propiedades, negocios multimillonarios, bacanales, derroche, personas a su servicio, o cumplir cualquier capricho, se convirtieron en palabras asociadas a la camarilla política del sexenio alemanista, cuando ""muchos políticos se hacían millonarios, y muchos millonarios se hacían políticos"". 

    Eso dicen. Una perversa relación entre dinero y poder, de la que Pasquel era para muchos, el mejor representante. Con la sucesión presidencial de 1946 terminó la era de los caudillos militares y comenzó el llamado civilismo. Pero, tal parece que sólo se cambió la chaqueta militar por el saco fino y el cuello blanco pues el común denominador era el mismo: dinero y poder.