Catástrofes naturales: la ciencia en tela de juicio

Biodiversidad

La fascinación por la naturaleza y su poder, es una cosa histórica. El conocimiento de estos y otros aspectos de la Tierra como los sismos, huracanes, tsunamis, entre muchos otros, nos han ayudado a sobrevivir como especie.

La ciencia le ha dedicado años de investigación a mitigar los efectos de estos fenómenos sobre la población. Cuando ocurrió la erupción de Pompeya el conocimiento sobre los volcanes y sus efectos eran muy pobres y las señales de erupción inminente no pudieron ser interpretadas, muriendo miles de personas, la solución hubiera sido una evacuación masiva, pero esto no se sabía. Hoy en día tenemos miles de institutos y esfuerzos por investigar y prevenir los peligros para la población.

De los volcanes, por ejemplo, sabemos que no se mueren como se creía hace tiempo, los volcanes permanecen dormidos a la espera de despertar, se consideraban apagados o extintos debido a un simple cambio de escala temporal, los tiempos de los volcanes están de acuerdo con la escala tiempo geológico, toda nuestra vida, la de nuestros hijos y la de nuestros nietos coincide un  parpadeo geológico. La lección: un volcán puede estar activo mucho tiempo sin tener una erupción catastrófica.

Este romance entre ciencia-prevención-Estado-sociedad se encuentra en un lugar muy crítico debido a la acumulación de factores de múltiples aristas. En 2009, ocurrió un terremoto en L’Aquila Italia, donde  murieron más de 300 personas debido al derrumbe de construcciones.

Este sismo no era previsible aunque habían ocurrido varios sismos en poco tiempo y un grupo de científicos italianos decidieron no alarmar a la población y tratar de tranquilizarlos; al final fueron condenados a 6 años de prisión por homicidio involuntario, entre ellos se encuentra el ex director del instituto de geofísica y el subdirector de protección civil de Italia. Esto marcó un precedente donde la relación Estado-ciencia cambia para siempre.

Después de este caso los científicos y las asociaciones internacionales tendrán que ser más cautos , porque la línea entre prevención y alarma es muy delgada así como la línea entre prevenir y predecir, se espera que la ciencia prediga pero eso no lo puede hacer. 

Qué decisión tan difícil, evacuar poblaciones enteras ante algún tipo de amenaza sin que existan posibilidades reales de daño ¿qué porcentaje de riesgo se debe tomar en cuenta? ¿Qué haría usted? si le dijeran que hoy mismo tiene que evacuar su casa y llevarse lo puesto ante un posible sismo de gran magnitud pero que no le aseguran que ocurra ¿evacuaría? ¿acusaría de negligencia a científicos si se cae la casa en un sismo? ¿Qué parte de responsabilidad tienen los constructores?

Es decir, esto se convertiría en una cadena de culpas interminables: parte de la solución es que tanto el Estado como los científicos nos deben tratar como sociedades adultas donde tengamos la información necesaria para saber cómo actuar reforzando la prevención y teniendo siempre en cuenta que la naturaleza actúa bajo sus propios tiempos.