Una pugna del siglo XXI: Juárez contra Madero

La transición democrática - Hechos

Uno de los primeros conflictos entre Vicente Fox y López Obrador ocurrió en diciembre del 2000 y fue en los terrenos de la historia. Desde la toma de posesión se vislumbraba el terrible enfrentamiento: Madero versus Juárez. Basta recordar a los diputados del PRI y el PRD invocando una y otra vez al benemérito durante la ceremonia de toma de protesta del presidente Fox el 1 de diciembre.

Cuando Vicente Fox decidió retirar el cuadro de Benito Juárez de Palacio Nacional y poner en su lugar el de Francisco I. Madero, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, López Obrador y el perredismo en pleno consideraron aquella acción como una verdadera atrocidad, casi una traición a la patria; era el anuncio definitivo de que la temida ""Reacción"" se había apoderado de la presidencia y en poco tiempo la memoria de Juárez quedaría sepultada.

Con un mínimo de conocimiento histórico y sentido común -ausentes en nuestra clase política-, cualquier voz sensata se hubiera alzado para señalar que ambos personajes fueron defensores del liberalismo político. Podría incluso afirmarse que Madero recuperó los principios básicos defendidos por Juárez: respeto a la ley y a las instituciones, seguridad jurídica y justicia, entre otros, y agregó los propios, como el sufragio efectivo y la no reelección. Así, desde inicios del sexenio, las dos figuras históricas manipuladas por la clase política sirvieron para delimitar muy bien los territorios: la derecha con Madero, la izquierda con Juárez.

A partir de entonces comenzó un singular jaloneo de nuestra clase política, donde volvieron a desfilar por el escenario nacional los personajes de la historia mexicana. De pronto, Santiago Creel se presentaba como el primer juarista del país; López Obrador lo retomaba para darle su propia interpretación. La presidencia seguía fiel a Madero, pero para justificar la posibilidad de abrir la industria petrolera a la inversión privada, incluso llegó a recurrir a lo que el propio presidente Lázaro Cárdenas escribió en sus apuntes sobre el tema. ¿Qué nos faltaba por ver?

Gracias al asunto del desafuero y a la inconsistencia del gobierno federal, el presidente Fox se dejó arrebatar, literalmente, la figura de Francisco I. Madero, recuperada insólitamente por Andrés Manuel López Obrador y el perredismo.

Parecía una ironía, si se considera que Madero nunca fue un personaje popular para la izquierda. No lo era por su origen hacendado; no lo era, por haber sido representante de la burguesía terrateniente del porfiriato; no lo era, porque su revolución fue estrictamente política, no social. Razones que le impidieron ganarse un lugar en una izquierda que buscaba sus santos laicos en los abanderados de las causas populares y sociales como Villa, Zapata o Cárdenas.

Pero en el surrealismo político mexicano todo es posible y Madero transitó por la vida pública nacional de la mano del perredismo. En el Congreso -y en varios desplegados-, el día en que se votó el desafuero, fue elocuente la manta que extendieron los diputados perredistas donde aparecían los retratos de Madero y Huerta frente a frente con la pregunta: ""CC. Diputados y diputadas: ¿Hoy por quién van a votar?""; también para la historia quedó registrado el homenaje que los diputados perredistas rindieron a Madero detrás de la antigua penitenciaría de Lecumberri -hoy Archivo General de la Nación- donde cayó asesinado el 22 de febrero de 1913 junto con Pino Suárez.

Por si fuera poco, López Obrador mencionó a Madero en repetidas ocasiones en su discurso del 7 de abril del 2005, durante el juicio de procedencia, e incluso citó el fragmento de una carta que escribió Madero desde la cárcel:  ""Efectivamente, es un atentado incalificable el que se ha cometido conmigo, pero ha servido para quitar definitivamente la careta a nuestros gobernantes, para exhibirlos como tiranos vulgares y para desprestigiarlos completamente ante la opinión pública, a la vez que nuestro partido se ha fortalecido de manera increíble. Por estas circunstancias no me aflige mi prisión, pues aquí descansando, creo que estoy prestando grandes servicios a nuestra causa"".

La izquierda recuperó a Madero; sin duda, no por una reivindicación histórica, sino por una necesidad política. Pero le abrió un espacio para que la gente que comulgaba con sus ideas, conociera verdaderamente a hombres que, como Madero, desde otras posiciones y otras ideologías, creían en las leyes, en la democracia y en las instituciones, como base para la consolidación de un país más justo y más digno.