El suéter de César Costa

La época de las crisis - Vida Cotidiana

 En mi infancia, años setenta, la oferta televisiva era raquítica, pero no olvido las películas que transmitían una y otra vez por los únicos canales de entonces: entre mis favoritas estaban las ""viejitas"" de Pedro Infante y Tin Tán, y entre las más actuales las imperdibles de Mauricio Garcés o El Santo.

Pero también había las anodinas de las españolitas Pili y Mili y otras por el estilo que afortunadamente he olvidado. Sin embargo, el sello del pasado reciente, de la década de los sesenta, me lo daba el cine nacional con sus estrellas de moda, los roquerísimos Alberto Vázquez, Enrique Guzmán, la ""novia de México"" Angélica María y César Costa.

Entre películas y series de televisión, mi conocimiento sobre el México de los años sesenta tenía cara de fuente de sodas (que nunca vi en mi barrio), con jóvenes rebeldes ansiosos de poner a prueba su virilidad en los arrancones, de bailar rocanrol hasta el amanecer y en perpetua lucha de clases: el junior enamorado de la joven de clase media o viceversa. La otra imagen es el copete bien peinado de César Costa… y sus suéteres.

""Ese suéter me lo puse la primera vez que salí en televisión -cuenta Costa-, me lo dio mi amigo Martín de la Concha. Me pidieron que me pusiera un smoking o un traje para salir al aire. Martín me dijo que tenía un suéter padrísimo que le había traído un tío de Suiza. Era un suéter para esquiar en nieve. Me lo puse para salir ese día en televisión y fue la locura.""

En adelante, Costa era uno con sus modelitos a rombos o a rayas, calurosos sin importar el clima citadino, un tanto lejano al de los Alpes suizos.

Era una imagen fresca y juvenil, aceptada por los adultos y la censura de los medios y el Estado, tan atento a la temperatura de la joven generación, que luchaba por abrir los espacios de expresión y manifestar sus emociones y sentimientos:

""Tú me das fiebre cuando besas,

fiebre cuando abrazas también,

fiebre de fuego,

fiebre de amor,

salva mi alma y no te vayas lejos de mí,

esta fiebre me atormenta

y no puedo ya vivir sin ti.""

Así cantaba Costa en la película Dile que la quiero, a una guapa Patricia Conde en una escena que hace esfuerzos insólitos por mostrar una sensualidad controlada entre los protagonistas. Esa es la imagen que me quedó de los años sesenta mexicanos, una sociedad con doble moral, represora y reprimida hasta el sofoco, como los suéteres de César Costa.

Con dedicatoria para @arr1910 por su invaluable interpretación de ""Tierno""

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César Costa