México 86: El día más triste dos veces

La época de las crisis - Vida Cotidiana

En aquel amanecer se levantó sin sueño. Eran las seis menos quince. No hacía frío en la ciudad. Pasó al bañó, se lavó las manos y se preparó, cosa inusual, un café. Sintió nervios y un leve entusiasmo.

Mientras el fuego calentaba agua en un pocillo (le gustaba la palabra que evocaba a la abuela, apenas muerta; el abuelo había muerto, absurdamente, en 1970), se detuvo ante el calendario. Jaló la primera hoja que decía 20 de junio de 1986.

En ese 21 se jugaban los cuartos de final del Mundial de México. Por la mañana, ya casi, Brasil contra Francia, en Guadalajara. Por la tarde, México-Alemania en Monterrey. Día D, se dijo sin decírselo realmente. Sus padres y sus hermanas, dos insensibles pérdidas en la Banda Timbiriche, dormían como si nada, pobres.

Escuchó, bañado, la voz del locutor desde el estadio Jalisco. Se inició el juego del hombre. Antes de meterse de lleno en el partido, gritó ¡Gooool! Careca, aquel joven lesionado a poco del Mundial de España 82, anotó por la verdeamarella. La felicidad, en efecto, es un arma caliente. Platini empató al 40. Y el silencio, en verdad tiempo perdido. Cuando supo que todo se definiría en los penaltis sintió miedo.

Zico, su ídolo, había fallado uno en tiempo regular. Y, para colmo, Sócrates, el verdadero, erró el primero de la tanda súbita. Pánico. Cosa inusual: también falló Platini, el fenómeno de la Juve. 3-3 y con uno por tirar por equipo. Julio César sucumbió (ni Casi ni Bruto estuvieron allí). Y Fernández anotó. Francia venció a Brasil y dejó la cancha llena de gladiolas y nardos.

-Juan, ¿por qué lloras? -preguntó su madre, bruja y hechicera.

-Perdió Brasil, carajo.

-Pues guarda lágrimas para la tarde…

Desalmada vieja, pensó. Tuvo ganas de mentarle la madre, pero ella era su madre.

En la tarde, México recibió a Alemania por el pase a semifinales. Un árbitro colombiano, de cuyo nombre no quiso acordarse, dio por ilegal un gol que pareció legítimo de un hombre al que apodaban ""el Abuelo"", como el suyo muerto después del empate a cero entre México y la URSS en la inauguración del Mundial del 70.

Otra vez, miedo. Penaltis. Negrete anotó por México y Allofs por los alemanes, que nada sienten. Después… Quirarte y Servin agacharon la cabeza y dijeron ""puta madre…""

Juan, bañado en lágrimas, salió a la calle que era un largo pasillo de panteón. Olía a claveles negros. ""¡Qué día tan jodidamente dos veces triste! México y Brasil, Dios mío México y Brasil en el mismo día!"", exclamó.

Y gritó: ""¡Con todo respeto, madre mía: Chinga tu madre!"". Se tranquilizó. Cuando volvió a casa, ella le dijo, serenamente:

""Te lo dije…""