El pavo y el error de diciembre

La época de las crisis - Hechos

Siete mil toneladas de pavo aproximadamente se comercializaron en México en el año de 1994, el 95% se consumió en esa Navidad oscura y crítica. No podía ser un pavo feliz, a pesar de los esfuerzos de los cocineros por rellenarlo con los buenos deseos de la temporada: la crisis nos llegaba a todos, literalmente, hasta el cogote. Consumidas por el ""error de diciembre"", las familias vieron perdido buena parte -o todo- su patrimonio. La herencia neoliberal del salinato y el pésimo manejo de las finanzas públicas de la nueva administración del presidente Ernesto Zedillo, dieron pie, entre otras cosas, a la fuga de dólares y a una devaluación insoportables. Estábamos, lo que se dice, quebrados.

Sólo algunas mesas navideñas contaron con el jugoso pavo. Una razón, hay que decirlo, es que no es el platillo principal en la tradición gastronómica nacional; compite con el bacalao, los romeritos, las ensaladas y las pastas. Otra razón es que nunca se ha incluido en la canasta básica de un país donde la pobreza alimentaria es vergonzosa. En ese terrorífico año, la canasta de alimentos incluía 35 productos, entre ellos el retazo con hueso y el pollo entero; en la zona rural podía costar entre siete y nueve días de salario mínimo. Casi lo mismo que en 2003 y en 2011.

Con todo, algunos pavos desfilaron por las mesas navideñas donde los temas de conversación eran inevitables: la presencia amenazante y pertinaz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN); el asesinato del candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio; las elecciones presidenciales y el triunfo forzado del partido oficial; la devaluación, la inflación…

Desde luego otros temas más banales aderezaron la charla del 24 de diciembre, en ese esfuerzo heroico del mexicano por abstraerse del presente: Thalía haciendo pareja con Eduardo Capetillo en la telenovela Marimar, o Chayanne y Yuri en Volver a empezar (en los círculos intelectuales se valía ver la telenovela colombiana Café con aroma de mujer). Y en esa especie de harakiri nacional que es endrogarse, los regalos no faltarían bajo los árboles navideños ""para felicidad de chicos y grandes"".

Ya pasaron dos décadas desde el fatídico diciembre de 1994 y es seguro que en algunas cosas se ha avanzado. Pero en 2012 y ahora 2013, la cena de navidad que quiera incluir un pavo con su respectivo relleno, deberá considerarlo dos veces antes de hacer el gasto. Y ni hablar de los alcoholes y es que en este par de años ¿cuántas cosas no han subido de precio? Tal vez el error sea el pavo y no diciembre: felices fiestas.