La visita recíproca: Díaz-Taft

El Porfiriato - Hechos

La visita se cocinó en el verano de 1909 durante una recepción en la Casa Blanca, cuando el presidente de Estados Unidos, William Taft, manifestó al embajador de México en ese país, Francisco León De la Barra, su admiración por su homologo mexicano:

""El señor Taft me llamó a un lado y me manifestó la grande admiración que tiene por el señor general Díaz a quien siente mucho no haber tenido ocasión de conocer, agregando que, si realiza sus propósitos [de viajar] vería con especial satisfacción que se presentara la oportunidad de tener una entrevista con… Díaz, para expresarle aquellos sentimientos y para mostrar la cordialidad de las relaciones entre los dos países.""

Las oficinas diplomáticas de ambos países se dedicaron a organizar el encuentro cuyo único objetivo era estrechar lazos y fortalecer las buenas relaciones entre las naciones.

""Me sería muy grato -contestó don Porfirio- conocer personalmente al ilustre ciudadano que ha merecido el voto de sus compatriotas para Primer Magistrado de la nación"". Curioso, por cierto, que Díaz destacara la cualidad democrática de Taft.

En todo momento, las comunicaciones se mantuvieron reservadas sobre los motivos de Taft: su único deseo era conocer al caudillo, decían. No hay que olvidar que por entonces, efectivamente, Díaz tenía la talla de un estadista internacional, que México se alzaba como una nación en progreso continuo y que Estados Unidos no era todavía una súper potencia.

Para fines de septiembre quedó establecido el protocolo. Díaz cruzará la frontera para ser recibido por Taft en El Paso, Texas; Taft hará la visita recíproca en Ciudad Juárez. Y lo más importante: el delicado tema de El Chamizal quedará en statu quo, es decir, los presidentes no discutirán problemas de límites territoriales entre ambas naciones. Solo brindis, salutaciones y bienvenidas en los discursos.

El 16 de octubre de 1909, Díaz fue recibido por el ministro de guerra de Estados Unidos: ""Usted es el primer jefe del ejecutivo de una nación que cruza nuestras fronteras"", le dice el funcionario.

Después del brindis en El Paso, Díaz recibe a su homólogo en la Aduana de Ciudad Juárez. ""Hasta donde alcanza mi memoria"", le dice Taft, ningún presidente norteamericano ha pisado tierras mexicanas.

Un poco después, cumplida la recepción, el presidente norteamericano le confiesa al mexicano: ""Yo le recibí a usted como a un verdadero republicano y usted me recibe como a un emperador"".

Todavía no sé si fue un cumplido o nomás le hablaba al tanteo. Lo cierto es que la historia siguió su rumbo para demostrar que hay una situación irrefutable; como dicen que decía Díaz: ""Pobrecito México: tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.""